viernes, diciembre 30, 2005

Algunas apostillas al proyecto de Ibarreche (leáse hoy Estatut). Gaudencio Hernández (Diario de Ávila 20 -10-2002)

Los acontecimientos actuales, vuelven a traer a la actualidad unas reflexiones de hace no mucho tiempo; basta cambiar territorios y políticos pero la esencia de las cuestiones empleadas es la misma.

RES

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El DIARIO DEAVILA 20 de octubre de 2002 o DOMINGO

TRIBUNA LIBRE
GAUDENCIO HERNÁNDEZ

Algunas apostillas al proyecto de Ibarretxe

T ODO político tiene una gran difi­cultad para ver el mundo. su mun­do bajo otra , bajo otra perspectiva que no sea la suya. Es normal. ¿,Quién les votaría, si no muestran firmeza y convicción en sus pro­yectos? Para ellos, sólo su visión es la ver­dadera. Sin embargo, a la realidad humana de los pueblos, nos dice Ortega y Gasset, sola­mente nos acercamos a ella desde distintas perspectivas. La realidad vasca, vista por Ibarretxe, no es la misma que la contempla­da por Iturgaiz. Y naturalmente la visión que tiene del problema vasco una persona que lo ve desde Ginebra, no es la misma que la que tiene uno que mira desde Madrid. En­tonces, ¿qué hacer'.' ¿Quién posee la verdad'.'

La democracia ha encontrado la respues­ta: los pueblos libres y bien informados se acercan a ella. Y yo añadiría: con la cabeza fría v sin miedo; con una cierta perspectiva del pasado y porvenir de dicho pueblo. Sa­bernos lo que piensa el lehendakri y la res­puesta del presidente del Gobierno español. No sabemos lo que piensa y dirá el pueblo vasco y lo que le responderán los otros pue­blos de España. Desde lejos, desde otro pun­to de vista (Suiza), voy a dar una otra visión.

I °. No hay democracia ni posibilidad de recurrir al pueblo para que se “autodeterminen” mientras en Euzkadi exista la violencia política En toda democracia sana no se pue­de aceptar que unta parte de la población y sus dirigentes gocen de libertad para lanzar y aprobar la proposición que les venga en ga­na; y, por el contrario, otra gran parte de di­cho pueblo no pueda responder con una contraproposición por estar perseguidos y ame­nazados de muerte sus dirigentes. Dicha autodeterminación sería simplemente una imposición. Señor Ibarretxe, comience por suprimir la violencia, por convencer a ETA que deje de matar y entonces, sólo enton­ces, lance el referéndum que le venga en ga­na.

2°. Delimite, señor Ibarretxe, las propo­siciones que directamente conciernen a su pueblo, y sólo a él, para que las vote (re­feréndum cantonal se llama en Suiza). No las mezcle con asuntos comunes que con­ciernen también a los otros pueblos de Es­paña. Digo esto porque habla usted de...

3º De una asociación libre" con el Es­tado Español (con los otros pueblos de Es­paña me parece más correcto: en democracia directa se habla de pueblos, no de estados). Su proposición de asociación es un tanto ilu­sa. Usted tiene un mandato para hablar en nombre del pueblo vasco; pero tratándose
de una relación-asociación con pueblos, a estos les corresponde también decir si están de acuerdo con dicha asociación o no. Podemos imaginar tres escenarios: a) Los pueblos restantes de España dicen sí a su proposición; habría conseguido todas las ventajas y ningún inconveniente con dicha unión. ¡Un sueño dorado! b) Pero conoce la respuesta; los partidos mayoritarios en di­chas autonomías ya han dicho no a su pro­grama.¿Entonces?, como buen deportista, cierra los ojos y se lanza hacia la indepen­dencia total. Tendrá fronteras en España y Navarra, en Euskadi-Norte y Francia y, lo peor. con toda Europa. ¡Un callejón sin sa­lida: c) Hay el peligro de que a un general de esos que tienen la costumbre de los pronun­ciamientos en nuestra tierra, se lo hinchen la, narices. ""El ejército tiene la misión de salvaguardar la unidad de la patria; dice la Constitución. ¡Que Dios nos libre!

4". Si me permite, señor Ibarretxe, le pro­pongo, como solución posible, que vuelva su mirada hacia Suiza (país de minorías en paz). Aquí se habla siempre después de un referendum cantonal de la decisión que ha tomado el pueblo soberano. ¿No es eso lo que usted pide para su pueblo? Pero no se olvide que para las decisiones de problemas comunes está el referéndum federal Si los pueblos están unidos entre sí, por "'libre" que sea la unión, no escapan a una autoridad común. Quisiera o no, habría intereses, de­rechos y obligaciones comunes. Le enume­ro algunos al voleo en un estado confedera­do (el que más lejos va en la descentraliza­ciones existentes): fronteras, aduanas, y pa­saportes comunes; ejército y defensa (en Suiza no existe policía nacional); moneda y entidades financieras, ya que la unión hace la fuerza (¡y qué fuerza, la de los bancos sui­zos!); seguros sociales y pensiones de vejez (cuantos más miembros mejor, principio bá­sico de las cajas); carreteras, trenes.. correos y otros servicios comunes; tribunal confe­deral para últimas instancias (contrariamente a lo que usted pide): participación a los gas­tos confedérales (impuesto que correspon­de más o menos a su "cupo") ...Todos los demás (¿más poderes que los que usted tie­ne?) son de competencia y autoridad de los cantones.

Mire, sector Ibarretxe, aunque Arzallus hable de una solución a la '"irlandesa- (no muy brillante por lo que vemos), vuelva sus ojos a Suiza; las soluciones aquí no son pro­yectos sino realidades. —El que busca halla", dice el Evangelio.

martes, diciembre 20, 2005

Canción de la nieve que unifica al mundo (Luis Rosales 1910-1992)

CANCIÓN DE LA NIEVE QUE UNIFICA AL MUNDO

Somos hombres, Señor, y lo viviente
ya no puede servirnos de semilla;
entre un mar y otro mar no existe orilla;
la misma voz con que te canto miente.

La culpa es culpa y oscurece el bien;
sólo queda la nieve blanca y fría,
y andar, andar, andar hasta que un día
lleguemos, sin saberlo, hasta Belén.

La nieve borra los caminos; ella
nos llevará hacia Ti que nunca duermes;
su luz alumbrará los pies inermes,
su resplandor nos servirá de estrella.

Llegaremos de noche, y el helor
de nuestra propia sangre Te daremos.
Éste es nuestro regalo: no tenemos
más que dolor, dolor, dolor, dolor.

LUIS ROSALES (1910-1992)

lunes, diciembre 19, 2005

Federalismo desde una perspectiva tradicional (Rafael Gambra)

FEDERALISMO según Rafael Gambra

"Frente a ellos existe un federalismo lógico y viable, complemento natural de patriotismo, que definimos ya como un sentimiento radicalmente distinto del nacionalismo. Es el federalismo que se concibe, no. como un postizo sistema de agrupar nacionalidades ya hechas, sino como un modo natural de evolucionar y crecer la vida política de los pueblos. Este federalismo no se refiere sólo a las relaciones Internacionales, sino también al gobierno de los pueblos desde sus más pequeñas células comunitarias. El proceso que a lo largo de la Edad Media creó las actuales nacionalidades europeas fue un proceso profundamente federativo. Pero puede decirse también que la vida y constitución interna de los pueblos fue durante aquellos siglos, y desde sus orígenes, una coexistencia federal Cada pueblo de España, por ejemplo, se concebía como una comunidad de familias o vecinos, y tenía sus ordenanzas propias y una propiedad comunal que se consideraba como patrimonio de todas esas familias, inalienable porque no pertenecía sólo a la generación presente, sino también a las venideras. Cada municipio tenía su organización jurídica y sus leyes propias, adaptadas a sus costumbres y modos de vida. A lo largo de las luchas de la Reconquista todos los pueblos se consideraban, como por un derecho natural, independientes en lo que concernía al gobierno interior o municipal, pues los reyes y señores feudales se limitaban a exigir los pechos o tributos y la aportación personal para la guerra. El Estado, en el concepto moderno de una estructura nacional uniforme de la que todo organismo inferior recibe una vida delegada, no existió en la antigüedad ni en la Edad Media. De aquí que los primeros tratados sobre el Estado denomina-sen Del Príncipe, porque la persona del rey era el único elemento coordinador de aquella coexistencia de poderes autónomos, la fuente de una autoridad (la de los alcaldes), que debía hacer justicia de acuerdo con las ordenanzas de cada célula comunitaria. Puede deducirse de aquí que el federalismo ha sido principio informador de la sociedad en que hoy se asientan los Estados nacionales, sociedad que podía considerarse como una coexistencia federal de comunidades autónomas, auténticamente sociales. Hasta bien entrado el siglo XIX los valles navarros pirenaicos mantenían sus propias ordenanzas con un contenido jurídico autónomo, de las que sólo subsisten ya leves vestigios, y cada Junta de Valle hacía una declaración de guerra propia cuando el rey la declaraba.

Esta constitución interna de los pueblos se prolongaba en el exterior con unas ilimitadas posibilidades de federación, que llegaron parcialmente a realidad hasta que el proceso resultó truncado con el advertimiento del constitucionalismo nacionalista. Federal fue la génesis de lo que hoy' llamamos España -la unión voluntaria, histórica, de los pueblos españoles-, como federal es su escudo, constituido por la agrupación de cuatro diferentes bajo una misma corona. Esta federación se realizaba a veces a favor de la política matrimonial de las casas reinantes; otras, a causa del proceso de homogeneización y contacto que entre los pueblos se operaba y de sus consiguientes conveniencias históricas. La no realización de alguno de estos dos factores dificultaba a veces la federación; pero ésta, por uno y otro camino, se verificaba o podía, al menos, verificarse. La condición general para que la sociedad tuviera esta estructura y este dinamismo federalista fue la comunión de los espíritus en la unidad superior y última de la Cristiandad. El que esta unidad o aglutinante social tuviera trascendencia universal (para el mundo civilizado u occidental, al menos), y que fuese de naturaleza espiritual y religiosa, hacía de la unidad política un factor en cierto modo inesencial, algo moldeable por la Historia y ajustable a los hechos.

Las unidades políticas que hoy llamamos naciones podían ampliarse a medida que las distancias se acortaban o que las diferencias locales disminuían en un proceso de unión federativa que no privaba a los pueblos de seguir gobernados por sí y por sus leyes en aquello que sólo a ellos concernía.
Cuando la paz de Westfalia reconoció la escisión religiosa, la unidad social de Europa dejó de ser religiosa para convertirse en meramente jurídica y política ; la Cristiandad dejó de existir como patria de todos los hombres para transformarse en una coexistencia de poderes políticos propiamente nacionales. Entonces el carácter último e inapelable -sagrado- que había tenido la Cristiandad, se traslada a lo que hoy llamamos sinónimamente Nación o Estado. Estas realidades salen así del terreno de lo histórico y cambiante, para pasar al de lo esencial e intangible; pasan del campo de lo conversable al de lo dogmático.Las sociedades políticas dejan de ser la convivencia federal, bajo una autoridad de poderes locales e históricos anteriores en su origen a esa autoridad y autónomos en su gobierno, y se convierten en estructuras uniformes y centralizadas hacia el interior y cerradas hacia el exterior. Hablar de federación será desde este momento un imposible teórico y práctico, porque no existe ya un lenguaje superior al de las propias nacionalidades sobre el que entenderse.Cualquier proyecto de federación internacional sonará a blasfemia, como a un creyente sonaría el hablar de una fusión de cristianismo y mahometismo mediante una reducción a sus puntos coincidentes.Sin embargo, el federalismo o régimen político abierto sigue siendo, como radicado en la naturaleza de las cosas, algo necesario para la sociedad, y que ésta reclama de mil modos diversos. Aun al margen del pensamiento católico y tradicional, el federalismo ha resurgido continuamente, desde el antiguo doctrinarismo federal de Pi y Margall hasta la actual proliferación de movimientos federalistas. Pero todos estos modernos federalismos -verdades a medias, fragmentos de un más amplio sistema- han pretendido restaurar aquel viejo proceso federativo prescindiendo de la ya perdida unidad religiosa, es decir, sobre bases meramente practicistas. Nunca han llegado, sin embargo, a realizaciones, ni pueden llegar, porque hablan entre si lenguajes diferentes.Una sociedad puede mantenerse en su organización política sin unidad religiosa, es decir, sobre bases sólo practicistas, cuando las instituciones sociales y autónomas -federales- no se han destruido, sino que han mantenido -por inercia- su propia vida y dinamismo. Tal es el caso de los pueblos británicos.Pero cuando la estructura social ha desaparecido bajo la acción uniformista de los Estados unitarios no podrá reconstruirse una sociedad federal sin una previa unidad religiosa y sin el respeto estricto a la realidad histórica que conserve cada pueblo, a la propia espontaneidad de su vida social. Porque pretender crear desde el Estado organismos infrasoberanos y autónomos es, práctica y teóricamente, empresa contradictoria.

"De "Eso que llaman Estado" Ed. Montejurra. Madrid, 1958

Nostalgia helvética desde Castilla 7ª parte (Alain de Benoist)

Algunas referencias sobre el federalismo (Alain de Benoist)

Pregunta. Sus escritos demuestran que promueve una Europa federal, pero no se priva de criticar agudamente la actual construcción europea, sin embargo considerada como federalista. ¿Podría explicarlo?

Respuesta de Alain de Benoist. Pienso, en efecto, que el sistema federalista es el único que esta en condiciones de reconciliar los imperativos aparentemente contradictorios de la unidad, que es necesaria para la decisión, y de la libertad, que es necesaria para el mantenimiento de la diversidad y para el pleno ejercicio de la responsabilidad. Los que califican la Europa actual de Europa federal ponen de manifiesto por allí que no tienen ni la menor idea de lo que es el federalismo.

El federalismo se basa en el principio de subsidiariedad, competencia suficiente y soberanía compartida. Una sociedad federal se organiza, no a partir de arriba, sino a partir de la base, recurriendo a todos los recursos de la democracia participativa. La idea general es que los problemas estén regulados al nivel mas local posible, es decir los ciudadanos tengan la posibilidad de decidir concretamente de lo que les concierne, solo remontando a un nivel superior las decisiones que interesan a colectividades más extensas o que los niveles inferiores no tienen la posibilidad material de tomar. Un Estado federal es, pues, lo contrario de un Estado jacobino: lejos pretenderse omnicompetente y querer regular lo que pasa a todos los niveles, él se define solamente como el nivel de competencia más general, el nivel donde se trata exclusivamente lo que no puede tratarse en otra parte. Al querer inmiscuirse en todo (desde el diámetro de los quesos italianos, a la caza, a las aves migratorias en el Suroeste de Francia), al querer, no añadir, sino substituir a las autoridades públicas de las naciones y las regiones, las actuales instituciones europeas, esencialmente burocráticas, se conducen, no como un poder federal, sino como un poder jacobino.

Son, por añadidura, tan "ilegibles" para el ciudadano medio, que eligieron deliberadamente dar la prioridad a la ampliación de sus estructuras de competencia y no a la profundización de sus estructuras institucionales, que pretenden hoy dotarse con una Constitución sin haber creado un poder constituyente, y finalmente que los que las personifican no están obviamente de acuerdo ni sobre los límites geográficos de Europa ni sobre las finalidades de la construcción europea (extensa zona de libre comercio o potencia independiente, espacio transatlántico o proyecto de civilización), es desgraciadamente bien comprensible que muchos de nuestros conciudadanos observan como un problema suplementario lo que habría debido normalmente ser una solución.
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(Otros textos sobre federalismo, especial para prevenirso del jacobinismo pancastellanista y por una Castilla federal)

Contra el jacobinismo, por la Europa federal

La primera guerra de los Treinta Años, cerrada con los tratados de Westfalia, significó la consagración del Estado-nación como modelo dominante de la organización política. La segunda guerra de los Treinta Años (1914-45), por el contrario, ha señalado el comienzo de su disgregación. El Estado-nación, engendrado por la monarquía absoluta y el jacobinismo revolucionario, es hoy demasiado grande para administrar los problemas pequeños y demasiado pequeño para afrontar los problemas grandes. En un planeta mundializado, el futuro pertenece a los grandes conjuntos de civilización capaces de organizarse en espacios autocentrados y de dotarse de la suficiente fuerza para resistir la influencia de los otros. Así, frente a los Estados Unidos y a las nuevas civilizaciones emergentes, Europa está llamada a construirse sobre una base federal que reconozca la autonomía de todos sus componentes y organice la cooperación entre las regiones y las naciones que la constituyen. La civilización europea se construirá sobre la suma —que no sobre la negación— de sus culturas históricas, permitiendo así a todos sus habitantes tomar plena conciencia de sus orígenes comunes. La clave de bóveda de esta Europa debe ser el principio de subsidiariedad: en todos los niveles, la autoridad inferior no delega su poder hacia la autoridad superior más que en los terrenos que escapan a su competencia.
Contra la tradición centralizadora, que confisca todos los poderes en un sólo nivel; contra la Europa burocrática y tecnocrática, que consagra los abandonos de soberanía sin remitirlos hacia un nivel superior; contra una Europa reducida a espacio unificado de libre cambio; contra la "Europa de las naciones", simple suma de egoísmos nacionales que no nos previene contra un retorno de las guerras; contra una "nación europea", que no sería más que una proyección ampliada del Estado-nación jacobino, Europa (occidental, central y oriental) debe reorganizarse desde la base hasta la cima, y los Estados existentes han de ir federalizándose hacia adentro para así mejor federarse hacia afuera, en una pluralidad de estatutos particulares atemperada por un estatuto común. Cada nivel de asociación debe tener su función y su dignidad propias, no derivadas de la instancia superior, sino basadas en la voluntad y en el consentimiento de todos los que en él participan. Así, a la cúspide del edificio sólo han de llegar las decisiones relativas al conjunto de los pueblos y comunidades federados: diplomacia, ejército, grandes decisiones económicas, puesta a punto de las normas jurídicas fundamentales, protección del medio ambiente, etc. La integración europea es igualmente necesaria en determinados campos de la investigación, la industria y las nuevas tecnologías de la comunicación. Respecto a la moneda única, debe estar administrada por un Banco Central sometido al poder político europeo.
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(Textos especiales para ilustrar de su necedad a los partidarios de la Gran Castilla de 254 provincias)

Contra el gigantismo, por las comunidades locales

La tendencia al gigantismo y a la concentración produce individuos aislados, y por ello vulnerables y desprotegidos. La exclusión generalizada y la inseguridad social son la consecuencia lógica de este sistema, que ha arrasado todas las instancias de reciprocidad y de solidaridad. Frente a las antiguas pirámides verticales de dominación, que ya no inspiran confianza, y frente a las burocracias, que cada vez alcanzan más rápidamente su nivel de incompetencia, hoy entramos en un mundo fluido de redes cooperativas. La antigua oposición entre una sociedad civil homogénea y un Estado-Providencia monopolístico está siendo superada poco a poco por la aparición en escena de todo un tejido de organizaciones creadoras de derechos y de colectividades deliberativas y operativas. Estas comunidades están naciendo en todos los niveles de la vida social, desde la familia al barrio, desde la aldea hasta la ciudad, desde la profesión hasta el terreno del ocio, etc. Es sólamente en esta escala local donde puede recrearse una existencia a la altura de los hombres, no parcelaria, liberada de los opresivos dictados de la rapidez, la movilidad y el rendimiento, apoyada en valores compartidos y fundamentalmente orientada hacia el bien común. La solidaridad no puede seguir siendo la consecuencia de una igualdad anónima (mal) garantizada por el Estado-Providencia, sino que ha de ser el resultado de una reciprocidad llevada a cabo desde la base por colectividades orgánicas que tomen a su cargo las funciones de protección, reparto y equidad. Sólo personas responsables en comunidades responsables pueden establecer una justicia social que no sea sinónimo de una mentalidad de individuo asistido.

La vuelta a lo local, que eventualmente puede ser facilitada por el tele-trabajo en común, tiende por naturaleza a devolver a las familias su vocación (también natural) de ser instancias de educación, socialización y ayuda mutua, permitiendo así la interiorización de reglas sociales hoy impuestas exclusivamente desde el exterior. La revitalización de las comunidades locales debe también ir a la par con un renacimiento de las tradiciones populares, que la modernidad ha borrado o, aún peor, mercantilizado. Las tradiciones, que cultivan la convivencialidad y el sentido de la fiesta, imprimen ritmos a la vida y proporcionan puntos de referencia; las tradiciones celebran las edades y las estaciones, los grandes momentos de la existencia y los periodos del año, y con ello alimentan el imaginario simbólico y refuerzan el lazo social. Nunca congeladas, viven en constante renovación.

viernes, diciembre 16, 2005

Nostalgia helvética desde Castilla. 6º parte.(Denis de Rougemont. Cultura y Federalismo)ón )

La idea de que habría en Europa un cierto número de culturas nacionales, bien distintas y autónomas, cuya adición constituiría la cultura europea , es una simple ilusión de óptica escolar. Se disipa como broma al sol a la luz de la Historia. La cultura europea no es y no ha sido jamás una adición de culturas nacionales. Es la obra de todos los europeos que han pensado y creado desde tres mil años, independientemente de los estados naciones que dividen hoy día Europa, y que la mayor parte (no los menores) tiene a lo más cien años de existencia: es preciso admitir se había constituido antes que ellos.

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Es preciso pues comenzar por hacer violencia a las realidades lingüísticas si se las quiere llevar a coincidir aproximadamente con las fronteras de una de nuestras naciones modernas.. Pero hay más. La lengua no sabría por ella sola definir una cultura: ella no es casi más que uno de los elementos de la cultura en general, por muy esencial que sea. Todos los otros: religión, filosofía , moral, bellas artes, folklore, ciencias, técnica y arquitectura, son largamente o completamente independientes de las lenguas modernas , y no son , con toda evidencia, reducibles a cuadros nacionales.

¿ Que tienes tu que no hayas recibido? Puede pues decir la cultura europea a cada uno de los 25 Estados-naciones que han recortado y desgarrado mucho tiempo el cuerpo de nuestro continente.

Ahora se encuentra con que los suizos están preservados – o deberían estarlo mejor que los otros- de la ilusión de las culturas nacionales, por el solo hecho de la composición lingüística de su estado..Están en medida de saber mejor que otros que la vida cultural de sus ciudades no depende de entidades nacionales en tanto que tales, sino que se liga directamente al complejo cultural europeo, de la misma forma que las ciudades libres de la Edad Media y los tres cantones primitivos fueron declarados “inmediatos al Imperio”, y esto era la franquicia y garantía de libertad frente a los príncipes de la época- hoy diríamos: contra los Estados-naciones.

La verdadera unidad de base de la cultura estando de esta suerte identificada, la cuestión que se plantea es la de saber como ciertas ciudades o ciertas regiones llegan entonces a diferenciarse, a individualizarse sobre este fondo común.
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De donde la densidad cultural de este pequeño rincón del país –educación en tres grados, letras y artes, ciencias y técnicas-. Densidad superior sin ninguna duda a la de un tramo cualquiera de un millón y medio de habitantes, elegidos en una de las grandes naciones vecinas. Y esto no es un elogio de la pequeñez en si, ni de las pequeñas dimensiones materiales o morales, sino al contrario de la pluralidad de dimensiones y de la variedad de los vasallajes posibles, los unos locales o regionales y los otros universales, tales como el federalismo los implica y permite componerlos.

Nostalgia helvética desde Castilla. 5º parte.(Denis de Rougemont. El Cantón y la Federación )

¿Pero que son hoy día los cantones en derecho público?. Son estados soberanos “ en la medida en que su soberanía no está limitada por la Constitución federal, gozan como tales de todos los derechos que no son atribuidos al poder federal” (art. 3 de la constitución)

La exasperación de los nacionalismos modernos hace que muchos de nuestros contemporáneos juzguen extraña y casi contradictoria en los términos la noción de soberanía limitada. No obstante , un siglo de experiencia feliz ha vuelto esta noción familiar a los suizos..- Ellos no olvidan nunca que sus comunidades cantorales – sus verdaderas patrias- son anteriores a la Confederación, que ha resultado de sus alianzas progresivamente cerradas. Pero ven claramente por otra parte, que la garantía de las autonomías cantorales no sabría prácticamente residir más que en la puesta en común de sus fuerzas. La centralización que aceptan , en ciertos dominios estrictamente definidos, no es a sus ojos más que la salvaguardia de su modo de existencia propio y de su independencia en todos los otros dominios.

(Denis de Rougemont, La Suisse ou la histoire d’un peuple heureux, libraire Hachette, 1965 p 106)


Un natural de la comuna Annemasse pertenece al cantón de Ginebra, y por tanto a Suiza y en principio, a menos que esté con extranjeros, no dirá nunca que es un suizo de Annemasse, que sonaría bastante extravagante y cómico.

No hay grandes sociedades posibles, pues no hay más “societas” verdaderas cuando los “socii” cesan de sentirse tales. Solo les encuadran entonces la ideología y la policía del estado, sin unirlos ni organizarlo verdaderamente.

(O.C.p 285)

'soy suizo no porque hable la misma lengua, ni tenga la misma religión, ni la misma opinión política y social que los demás suizos, ni tampoco porque los ame, ni tan siquiera porque los conozca o les entienda, sino porque pertenezco a un país llamado Suiza que me permite a la vez ser suizo y como yo quiero ser' que también podría resumiese en el lema 'cada uno para sí y la Confederación para todos'

Son Suizos no a causa de alguna cualidad común sea natural, sea cultural (lengua, raza , confesión, carácter, etc.) que justamente les falta, sino porque están situados en el mismo conjunto que se ha bautizado con el nombre de Suiza, y porque lo aprueban. En cuando se ha comprendido bien esto, se ha comprendido el federalismo.


(O.C.P 112)

El federalismo no es solamente una fórmula jurídica –por tanto estática por definición- fijando las competencias respectivas de los miembros y del organismo común que ellas se dan. Su principio dinámico es asegurar un máximo de autonomía local, gracias a la puesta en funcionamiento de instrumentos colectivos para todas las tareas que superan las posibilidades de una comunidad aislada. En un sistema federalista, cada comunidad tiene el deber –tanto como el derecho- de administrase como ella lo entienda. Pero cuando empujada por la necesidad o por espíritus creadores, emprende ciertas actividades cuya amplitud supera sus medios (culturales, financieros o físicos) está llevada a asociarse para perseguirlos con otras comunidades.

(O. C. P 161)

Pero los grandes trabajos y las carreteras, la protección de los monumentos y de la naturaleza, y de una manera general, todas las empresas públicas cuyo financiamiento es demasiado pesado para un cantón, son objeto de negociación entre “el cantonal” y “el federal” como se dice en nuestra jerga.

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Pues la Federación no es el todo del que los cantones no serían más que las subdivisiones, ni el poder Augusto del que ellos serían los sujetos. Concebida para permitir a los cantones realizar en común las tareas que superan sus fuerzas aisladas, está a su servicio y no ellos al suyo. No habiendo sido nunca personificado por un monarca, un dictador, o el jefe de un partido federador; sin aura de prestigio o de majestad; casi anónimo en tanto más eficaz, es solo un instrumento de cooperación.

A decir verdad , los cantones no tienen nada de otro. Es sorprendente constatar que estos pequeños Estados, que ninguna frontera visible separa, se ocupan en definitiva muy poco de sus vecinos. “Cada uno para si, y la Confederación para todos” bien parece ser su divisa


(O.C. P 111-112)

Los suizos saben bien que no se hace marchar un reloj con argumentos sonoros, sino al precio de un aplicación sostenida y de finos retoques. Ahora las ruedas de su Estado, bizarramente ajustadas según las reglas de eficacia y no de la lógica abstracta, sugieren la imagen de un reloj de precisión, justamente con toda la tolerancia precisa para que el mecanismo marche. Esta tolerancia no es solamente moral, este “juego” está previsto por las leyes. Son los derechos de iniciativa y sobre todo de referendum quienes lo rigen. Gracias a ellos, el pueblo suizo tiene menos que otros la impresión de que los poderes delegados a sus elegidos se le escapan. “El se reserva siempre para decir la última palabra por el referéndum, y eventualmente el primero por la iniciativa”(André Siegfried La Suisse démocratie témoin). Nada de lo que pasa en Berna es irremediable. Es por el recurso frecuente a estos derechos populares que el régimen suizo debe ser calificado de democracia semidirecta.

( O.C. P124)


Referéndum legislativo federal 30.000 ciudadanos u ocho cantones (art 85)
Iniciativa legislativa federal (constitución) 50.000 ciudadanos

“La autoridad directorial y ejecutiva superior de la Confederación se ejerce por un Consejo Federal compuesto de siete miembros”, dice el artículo 95 de la constitución. Este colegio que cumple a la vez las funciones de un gabinete de ministros y un jefe de Estado, es sin duda la institución más original de Suiza. Sus miembros son elegidos por cuatro años por la Asamblea y son inmediatamente reelegibles. Cada uno de ellos dirige un ministerio o un departamento.. Uno de entre ellos es elegido cada año presidente de la Confederación. No puede ejercer este oficio dos años seguidos, y se ha establecido la costumbre de una rotación entre los siete consejeros: cada uno es presidente al menos una vez cada siete años, por orden de antigüedad en el colegio.

Nostalgia helvética desde Castilla. 4ª parte (William Rappard. El Cantón))

El cantón es para el suizo medio una realidad concreta , a veces la república para la defensa de la cual sus ancestros han luchado contra otras Suizas, lo más a menudo el lugar donde él ha nacido, el cuadro donde se ha desarrollado su infancia y su juventud, la ciudad en que él habla su idioma y su dialecto, y en que él conoce los magistrados, sus vecinos, y quizá sus amigos. Es por tanto el cantón mismo, es decir un conjunto de recuerdos históricos y de experiencias cotidianas , y no su constitución lo que es el objeto de su patriotismo. La Confederación por el contrario , más lejana, más joven, menos personal y más abstracta, vale por su estructura política más que por su realidad social. Este edificio elevado hace un siglo , le parece conformarse en todos los puntos a las exigencias de la vida nacional. Pero no será por consiguiente arrastrado a inmolar su pequeña patria en el altar del gran país más de lo que se está tentado ha vender un recuerdo de familia para poder comprar un refrigerador.

(Op cit p 110 tomado de William Rappard De la centralisation en Suisse, Revue FranÇaise de Science politique vol I 1951)

Nostalgia helvética desde Castilla. 3ª parte (Hermann Hesse)

Que la paz es mejor que la guerra y la reconstrucción que el rearme, y que un estado federal según el modelo suizo podría alumbrar una Europa pacífica....sobre todos estos puntos estoy de acuerdo no solo con usted, sino con la mayoría de los actuales estadistas. Pero ni los gobernantes , ni usted , ni yo tenemos la menor idea de cómo pueden realizarse estos deseos, es decir como convencer o forzar a los pueblos para llevar a cabo lo bueno y deseable.

Hermann Hesse . Cartas inéditas. Lecturas para minutos 2. Biblioteca Hesse. Alianza Editorial. Madris 2000. p.25

Nostalgia helvética desde Castilla. 2ª parte.(La nación suiza.José A. Jaúregui. El Mundo 13-sept- 1994003)

JOSE A. JAUREGUI

El Mundo 13 sept 1994


La nación suiza.

QUE modelo estatal le gusta más: el suizo, el estadounidense, el alemán, el francés, el italiano, el británico?», pregunté a José Antonio Ardanza. «El suizo», me respondió, «porque se aproxima más a un modelo auténticamente federal» (EL MUNDO 7 de agosto de 1994). En esta misma entrevista le pregunté: «¿Es Castilla, León o Aragón una nación o nacionalidad histórica, o menos nación o nacionalidad histórica que Cataluña o Euskadi?». J.A. Ardanza: «Cuando se habla de la pluralidad nacional española, yo creo que es claro en el caso catalán: además la mejor garantía generalmente suele ser el idioma. Es claro en el caso vasco, al que naturalmente incorporo también a Navarra y a las regiones del norte que están en el sur francés».

Si leemos la Constitución Federal de la Confederación Suiza, encontramos un primer acto de fe nacional en el que se fundamentan todas las reglas del juego: «En nombre de Dios Omnipotente, la Confederación Suiza queriendo afirmar el vínculo entre los confederados, mantener y acrecentar la unidad, la fuerza y el honor de la nación suiza, ha adoptado la Constitución Federal siguiente».

Si JA Ardanza quiere adoptar para España el modelo suizo, debe revisar sus tesis antropológico-sociales sobre el significado de nación y de nacionalida, Otro tanto puede decirse del programa político de Jordi Pujol y sus «Paísos Catalans». Las Paísos Catalans, o sea, Cataluña, Valencia, Castellón, Alicante e Islas Baleares, si entiendo bien las tesis tanto antropológico-sociales como políticas de Jordi Pujol, forman y conforman la Nación Catalana y, «por consiguiente», -que diría FG- debería ondear su bandera nacional, la Senyera, en el edificio de Naciones Unidas. Pero los austriacos y los suizos que hablan el idioma de Goethe y de Marx no se sienten miembros de la «nación alemana» ni quieren bajo ningún concepto ver ondear cromo suya una bandera alemana en el «seno» o «concierto» de las Naciones Unidas. Felipe González, en una entrevista concedida a un periódico sensato, serio, razonable y, «por consiguiente», exento de conjuras «deslegitimizadoras» afirmó (El País, 4 de septiembre de 1994): «Que haya alguien que afirme solemnemente que España no sólo es un Estado sino una nación me parece una obviedad. Pues sí. Está en la primera línea del Preámbulo de nuestra Constitución». Que a FG se le escape como fugitivo el director general de la Guardia Civil, pase; que el Fiscal General del Estado y guardián de la Lex y del Ius sea nombrado ilegalmente, sea; que sólo se entere de toda la trama/trampa de Filesa por la prensa, y, además, por la prensa de la gran conjura, vale, pero, ¿no sabe el presidente del Gobierno de «la» nación que los nacionalistas que le mantienen en este puesto nacional, niegan y rechazan de plano es lo que FG califica como «obviedad»?

Nostalgia helvética desde Castilla. 1ª parte.(El factor suizo.Antonio García Trevijano. La Razón 23-oct. 2003)

Desde hace tiempo di sobradas muestras de admiración por Suiza - que aprendí de la familia y del pensador Denis de Rougemont-, señalando las analogías y reminiscencias helvéticas de la vieja historia castellana, ya en su momento detectadas con agudeza por el portugués Oliveira Martins allá por el siglo XIX y más tardiamente por Anselmo Carretero. Obviamente las declaraciones furibundas de nacionalismo pancastellanista, demasiado análogas al estilo de los nacionalismos periféricso peninsulares se me atragantan cual espina molesta de pescadilla podre. Si algún espíritu nacional deseo a Castilla, al igual que en Suiza lo quisiera lo más alejado posible del nacionalismo moderno. Me temo que por estas latitudes de histeria vocinglera o apatías somnolientas, según los idus, la cosa no tiene visos de prosperar.

Me resulta grato leer algún pequeño reconocimiento y homenaje a Suiza, algo que vaya más allá de las habituales reprobaciones morales del secreto bancario o de la afición usuraria crematística, no obstante la reserva de no compartir muchas de las apreciaciones de los escritos que se aportan.

Espero que mi nostalgia helvética no se considere fuera de los temas de este foro, en el que he introducido de manera progresiva los antecedentes del federalismo tradicional castellano : Oliveira Martins, Luis Carretero Nieva y Anselmo Carretero Jiménez entre otros; federalismo que sucumbió finalmente ante el centralismo con pretensiones imperiales de León, que con el rótulo de corona de Castilla, quedó convenientemente camuflado y pasó a la posteridad como una característicade la política castellana.

Es difícil sino definitivamente imposible restaurar hoy día el sentido antiguo de pacto foral, basado en un sentido de lo sagrado que jamás proporcionará un recuento numérico de mayorías. Federalismo viene de "phoedus" pacto. Ni castellanos, ni vascos, ni catalanesn, ni nadie recuerda ya lo que constituyó un orden político secular que no necesitaba de territorios celosamente delimitados, odios varios al meteco, proclamaciones necias de ilusiorias superioridades y otra serie de majaderías que constituyen el núcleo duro del moderno nacionalismo.

Saludos

RES

El factor suizo
La Razón 23 de octubre 2003

Antonio García Trevijano

Este pequeño y culto país, espejo de civismo donde se miran los grandes, atrae hoy la atención de los medios. La conservadora Unión Democrática de Centro, dirigida por un empresario de Zürich (Blocher), ha roto en las urnas el consenso gobernante desde 1959. Y quiere participar en el reparto del poder ministerial en igualdad con los demás partidos. Pero éstos la vetan por atribuir su aumento de votos a una campaña xenófoba contra los riesgos de la inmigración.

No creo que esto pueda suceder en el país más cosmopolita y menos racista de Europa. Sobre todo porque el aumento electoral de la UDC sólo ha sido del 4,6%, y la crítica de la política de inmigración no va unida necesariamente al racismo. La causa de la inestabilidad gubernamental debe buscarse en otro lado.

Concretamente, en la naturaleza cínica y antidemocrática del consenso de 1959, que fraguó un bloque de tres partidos convencionales con el temor al Mercado Común. Ese prolongado consenso, sin causa patriótica que lo justifique, choca con la tradición liberal de los cantones helvéticos. Lo extraño es que un tradicionalista como Blocher quiera participar en él, en lugar de cambiarlo por la regla de mayorías y minorías propia de la democracia.

Si el espíritu nacional no ha sido nacionalista en algún país, es en Suiza. Si el espíritu europeo se ha encarnado en alguna nación, es en Suiza. Si la unión de Europa ha tenido un modelo histórico en el que inspirarse, ha sido la confederación helvética. Si algún pueblo merecía el respeto de su neutralidad, era el suizo. Si algún Estado ha ofrecido un marco ideal para encuentros, negociaciones y organismos internacionales, es el suizo.

Entre montes, valles y lagos, unos cantones confederados convirtieron un ejército de mercenarios en una defensa civil de ciudadanos; integraron en un solo espíritu nacional culturas diferentes (alemana-francesa-italiana); realizaron la síntesis de la oligarquía de las ciudades y la democracia de las montañas («comburguesía»); hicieron de Ginebra la Roma protestante (Calvino); transformaron la Reforma autoritaria de Lutero en un humanismo liberal de inspiración erasmista (Zuinglio); produjeron educadores universales (Rousseau, Pestalozzi), estadistas ilustrados (Necker), literatos excepcionales (Mme. Stael), pensadores de lo moderno (Constant), historiadores geniales (Burckhardt), juristas internacionales (Bluntschli), lingüistas creadores (Saussure), junto a escuelas de psicología profunda (Jung, Szondy) y de arte moderno (Hodler, dadaísmo, Paul Klee).

Cuestiones anecdóticas mermaron en el inconsciente europeo la grandeza cultural de la historia suiza, tan bella y tan rica como su geografía. Del mismo modo que hoy se buscan policías en excedencia como guardaespaldas privados, durante el siglo XVII se puso de moda contratar antiguos mercenarios suizos como guardia personal de papas, reyes y potentados. Racine pudo consagrar entonces la injusta ironía de que sin dinero nada de Suiza («Point d argent, point de Suisse»), como Orson Welles («El tercer hombre») pudo ridiculizar el pacifismo suizo, tras la guerra mundial, con la estupidez de que sólo había servido para inventar el reloj de cuco.

Cuando la prensa habla de un partido nacionalista en Zürich, no parece saber bien lo que dice. En la atmósfera dadaísta de esa europeísima ciudad, un diplomático suizo, que luego se haría tan sabio como su apellido, Karl J. Burckhardt, escribió a su amigo el poeta austriaco Hofmannsthal: «En nosotros existe un sentimiento persistente de afinidades con Alemania, excluyendo todo nacionalismo. Gotthelf, Keller, Meyer, Jacob Burckhardt han demostrado a los suizos alemánicos que si son alemanes por naturaleza no lo son por condición política». Y le preguntaba si tan poca gente era capaz de meditar, ante el arte y la música actuales, «sobre la muerte de la melodía profundamente europea» en el «concierto de las potencias».

EL REINO DE LEÓN TRAS EL AÑO 1230. Ricardo Chao Prieto . Lcdo Historia

EL REINO DE LEÓN TRAS EL AÑO 1230

Muchos historiadores de todas las épocas y lugares coinciden en un punto cuando tratan del Reino de León: éste desaparece sin dejar rastro en 1230, año en el que, por una serie de casualidades, las Coronas de León y Castilla recaen en Fernando III. Esta súbita desaparición resulta cuando menos sospechosa, ya que la Corona Leonesa englobaba diversos reinos y territorios a los que hoy nadie osa a negar su identidad (Reino de Galicia, Asturias y Extremadura). Sin embargo, y paradójicamente, no ocurre lo mismo con el Reino de León, núcleo de la Corona. ¿A qué se debe este contrasentido? Sin duda, la ignorancia y el desconocimiento son los principales culpables. Pero es indudable que hoy en día gran parte de la culpa recae en los historiadores al servicio de la Junta, cuya principal intención es hacernos creer que el Reino de León se fundió totalmente con Castilla, e inmediatamente perdió su identidad y personalidad en favor de un presunto e inexistente “Reino de Castilla y León” que se uniformó con bases castellanas. La intención del presente artículo es hacer un somero repaso por una serie de aspectos históricos que demuestran que la realidad fue muy diferente.

-Las Cortes: Tras la desaparición de sus monarcas, serán las Cortes de la Corona Leonesa las que ostentarán la representación de los territorios que ésta englobaba. Durante todo el siglo XIII, leoneses y castellanos celebran sus respectivas Cortes por separado. En ocasiones se convocan en la misma ciudad, pero los representantes de cada Corona se reúnen y deliberan en dependencias diferentes: por ejemplo, esto fue lo que ocurrió con las que se celebraron en Valladolid en 1293. Las relaciones entre unos y otros no debían de ser muy cordiales, ya que Fernando IV justifica la separación “por evitar peleas y reyertas que pudieran ocurrir”. Los temas a tratar a veces eran similares en ambas Cortes, pero también abundan las peculiaridades: así, los leoneses hicieron hincapié en que el Fuero Juzgo tenía que continuar siendo la principal guía en sus pleitos, y exigieron que los naturales de sus reinos sólo pudieran ser juzgados en los tribunales leoneses. Estos aspectos fueron magistralmente estudiados por el recientemente fallecido José Luis Martín, catedrático de Historia de la Edad Media en Salamanca.

La unidad de la Corona leonesa con la castellana corrió grave peligro en varias ocasiones en los convulsos años de finales del siglo XIII: el infante Juan llegó a pretender reinar sobre Galicia y León (que incluía a Asturias), y la situación prácticamente se volvió a repetir en 1319, lo que demuestra que las dos Coronas estaban prendidas con alfileres. En el siglo XIV comienzan a imponerse las Cortes conjuntas, pero se continuó dando ordenamientos a los concejos de León muy distintos de los de Castilla. De todas formas, se siguieron convocando Cortes por separado de forma esporádica, y así parece que ocurrió en las de los años 1302, 1305, 1318, 1322, etc., cuando ya hacía más de un siglo de la unión de los reinos. Como muestra de esta diversidad, hasta 1348 el rey contaba con el asesoramiento directo de cuatro consejeros de León y Galicia, cuatro de Castilla, cuatro de las Extremaduras, y cuatro de Toledo y Andalucía. Pero, por desgracia, la vía de la pluralidad fracasó, ya que a mediados del siglo XIV se impuso el rodillo castellano, y a partir de entonces las leyes serán las mismas para todos los reinos.

-La Hermandad del Reino de León: En un nivel más popular, durante el caos y las guerras civiles de finales del siglo XIII y comienzos del XIV, las ciudades comenzaron a organizarse en hermandades. Esta situación fue legalizada en 1295, y cada reino creó su propia hermandad. La de los reinos de Galicia y León (que, insistimos, incluía a Asturias) se reunía anualmente en la ciudad legionense, y estaba integrada por los concejos de 31 ciudades y villas (Salamanca, Zamora, León, Astorga, Oviedo, etc.). El sello de esta hermandad incluía la figura del león del reino, y una representación del apóstol Santiago a caballo. Sus principales atribuciones fueron la administración de justicia y el mantenimiento del orden, llegando en ocasiones a usurpar las funciones de los oficiales reales. En 1315 se intentó crear una Hermandad General que englobara a las de los distintos reinos, pero las desavenencias fueron constantes, y ésta tuvo que ser disuelta en 1318 ante la negativa de leoneses, toledanos y extremeños a reunirse con los castellanos, por lo que la división de las hermandades por reinos continuó durante muchos años. Herederos de estas agrupaciones fueron los irmandiños gallegos, que provocaron fortísimas revueltas sociales en la segunda mitad del siglo XV

.-La Cancillería y la Notaría del Reino de León: La Cancillería fue creada como tal por el emperador leonés Alfonso VII, y tal cargo recaía en el arzobispo de Santiago, sobre quien recaía así la responsabilidad de emitir los documentos regios. Cuando Castilla contó con un rey propio, creó una nueva cancillería en la persona del arzobispo de Toledo. Tras la unificación de las dos coronas llevada a cabo por Fernando III, durante siglos continuó habiendo un canciller de León, y otro de Castilla, aunque acabarían convirtiéndose en meros títulos honoríficos. Alfonso X y Sancho IV intentaron acabar con esta duplicidad, pero sus sucesores la conservaron. Con Alfonso X surgen las Notarías de León, Castilla y Andalucía, y, algo más tarde, la de Toledo. Cada una de estas Notarías se encargaba de elaborar y tratar los documentos que hacían referencia a sus respectivos territorios. En las Cortes de 1295 los procuradores exigieron que los notarios sólo fueran dos, el de León y el de Castilla, y así se hizo

.-El Tribunal del Libro: Este tribunal especial, netamente leonés, sentenciaba los pleitos utilizando el Liber Iudiciorium o Fuero Juzgo, del que se sabe que existieron copias romanceadas en leonés y en gallego. Era una reminiscencia del Derecho visigodo, pero continuó teniendo vigencia en León más allá de Alfonso X. Las reuniones de este tribunal tuvieron lugar casi con seguridad en el Locus Apellationis de la Catedral. Estaba presidido por un eclesiástico asistido por varios jueces ordinarios: atendía pleitos en primera instancia, y en apelación de la corte regia, lo que le dotaba de una extraordinaria importancia.

-La Merindad Mayor del Reino de León: los merinos mayores eran oficiales públicos de categoría superior en cuyas personas delegaba el rey gran parte de su autoridad. Tuvieron competencias muy amplias sobre todo el reino leonés. Ya aparecen documentados en el siglo XII, y Fernando III los estableció por separado en León y en Castilla, y, más tarde, en Galicia y en Murcia.

-El Adelantamiento Mayor del Reino de León: sustituyó a la anterior institución, aunque poco a poco vio cómo se iba reduciendo el territorio sometido a su jurisdicción, hasta que en el siglo XV quedó limitado a los límites de la actual provincia de León, y algo más de la mitad de la de Zamora. Asturias fue desgajada del Adelantamiento del Reino en el año 1402. Durante muchísimo tiempo no tuvo una sede fija, ya que constituía un tribunal itinerante, aunque a mediados del siglo XVII acabó estableciéndose en la ciudad de León. Su cárcel y su archivo se localizaban en La Bañeza. Esta institución tuvo amplísimas competencias de justicia y de gobierno, y con el nombre de Alcaldía Mayor del Reino de León perduró al menos hasta el año 1799. Entre sus atribuciones estaba el mantenimiento de bosques y de infraestructuras viarias. Al ser un tribunal de carácter regio, sirvió de freno a la justicia señorial, por lo que era visto con simpatía por las clases populares. En Castilla tenían sus propios adelantados, y no les estaba permitido entrar en el Reino de León.

-El Defensor del Reino de León, o Procurador General del Adelantamiento: prácticamente fueron la misma institución con distinto nombre según la época. Aparecen en la documentación a partir del siglo XVII, y su función consistía en prestar ayuda y defensa a los pobres y a los lugares que así se lo pidieran. Su ámbito de actuación era el Adelantamiento del Reino, y podían “apelar todas las cosas que hicieren contra las Leyes del Reino”.Esta institución existió al menos hasta finales del siglo XVIII.

-La Iglesia leonesa tras 1230: en general conservó su propia idiosincrasia y organización, pero, a pesar de la reunión de las dos Coronas en una sola, durante casi un siglo los obispos de cada reino se reunieron en sínodos separados. Por ejemplo, en 1302 tuvo lugar un sínodo en Peñafiel al que sólo acudieron los obispos castellanos, mientras que en 1310 hubo otro en Salamanca convocado únicamente por los obispos leoneses. Al desaparecer el Estudio General de Palencia, se llegó al acuerdo de que el rector de la Universidad de Salamanca fuera un año de origen leonés, y al siguiente, castellano, estableciéndose así una alternancia anual que duró siglos. En cuanto a las órdenes militares, la de Santiago continuó manteniendo la Encomienda del Reino de León.

-Los concejos abiertos: esta noble institución tiene sus orígenes en la Alta Edad Media, y ha sobrevivido hasta el día de hoy en algunos pueblos de la región. Son uno de los más claros ejemplos de democracia popular, ya que pueden participar todos los vecinos. Solían reunirse alrededor de un árbol, en los soportales de la iglesia, en una plaza o en una casa de concejo a la salida de la misa. Atendían los asuntos comunales, y todo lo que podía afectar al pueblo de forma más inmediata. Han sido muy bien estudiados por el catedrático de Historia Moderna Laureano Rubio.

-La moneda de la Corona Leonesa: Con Fernando II, a León le correspondió la gloria de acuñar las primeras monedas de oro cristianas de la Península y de toda Europa occidental. Como es lógico, las monedas leonesas eran totalmente diferentes de las castellanas tanto en su aspecto externo como en su sistema de valores. Cuando se unen ambas Coronas, cada una mantuvo su propia moneda hasta las reformas del año 1265 de Alfonso X. Aún así, el maravedí leonés (o “longo”) continuó teniendo un valor distinto al del maravedí castellano (o “curto”) hasta el siglo XIV. Por si fuera poco, en la Corona de León la moneda portuguesa circulaba con valor legal, y lo mismo ocurría en Portugal con la moneda leonesa, ya que ésta fue moneda oficial en varias regiones lusas. Estos y otros aspectos de la moneda leonesa fueron estudiados por la fallecida Mercedes Rueda Sabater, aunque en realidad todavía hoy está casi todo por hacer.

-Mapas: Como muy bien señaló el periodista Emilio Gancedo en la Revista del Diario de León del 31 de octubre de 2004, no hay ni un solo mapa general de España desde el siglo XV que no incluya al Reino de León de una u otra manera. La excepción la podrían constituir algunos de los llamados portulanos, pero ello se debe a que su principal interés estaba en trazar las costas, puertos y rutas marítimas de la manera más exacta posible, por lo que prestaban poca atención a las zonas del interior. Los mapas anteriores a la segunda mitad del siglo XVII constriñen el reino a la actual provincia de León, y la mitad norte de Zamora, mientras que a partir de esa fecha prácticamente todos lo extenderán a Salamanca, Zamora, León, y la mitad occidental de las provincias de Valladolid y Palencia. Aunque que la división provincial de 1833 dejaba al margen a estas últimas dos provincias, en muchos de los mapas del siglo XIX continúan apareciendo.-Los símbolos del Reino y la proclamación de los reyes: A pesar de la creación del escudo cuartelado de castillos y leones, no será raro encontrárnoslo en diversos lugares del Viejo Reino con el león situado en el primer cuartel, que es el predominante. El símbolo de nuestro reino aparece esporádicamente en solitario en algunas representaciones, como en la fachada Oeste de la Catedral, o en las plasmaciones artísticas del cortejo fúnebre de Carlos I de España y V de Alemania. Por otra parte, sabemos que se enarbolaba el pendón de la ciudad de León con ocasión de la proclamación de los reyes hasta la época de Isabel II (s.XIX): cabe destacar esta ceremonia, ya que dentro de la Corona de Castilla, tan sólo Galicia y León tenían el privilegio de tremolar su propio pendón en lugar del real de Castilla.León también dejó clara su personalidad en múltiples ocasiones tras la caída del Antiguo Régimen, como en la Guerra de Independencia, en la I República, en la división provincial llevada a cabo en 1833, en las guerras carlistas, etc., pero todo ello será materia de otro artículo.

Ricardo Chao Prieto.Ldo. en Historia.

sábado, diciembre 10, 2005

domingo, diciembre 04, 2005

miércoles, noviembre 30, 2005

NUESTRA CASTILLA . palabras en San Pedro de Arlanza (Manuel González herrero 1983)

NUESTRA CASTILLA
Palabras en San Pedro de Arlanza


Castellanas y castellanos:

En 1970, con motivo de la conmemoración del Milenario de la muerte de Fernán González, muchos de los que hoy estamos aquí, porque creemos en Castilla nos reuníamos también en este recinto venerable, cuando los actuales oficiantes de las llamadas comunidades autónomas que han descuartizado a Castilla se ocupaban en otros menesteres y ni siquiera pensaban en nuestro pueblo y en la recuperación de su identidad. Nosotros, entonces como hoy, evocábamos en este mismo sitio aquel pasado y decíamos desde la hondura de nuestro sentimiento castellano y con palabras nacidas del alma:

« Retrocedamos en el tiempo mil años atrás: al mes de junio del año 970. Fernán González, Conde de Castilla y de Alava, paladín de los castellanos, ha muerto y va a ser sepultado aquí mismo, en este monasterio que él y toda su familia amaron tanto, en esta tierra sagrada de San Pedro de Arlanza donde los castellanos tenemos hincada una de nuestras más hondas raíces.

Callan las alondras en los bosques y en las viñas que rodean el cenobio. Las aguas del Arlanza, que lamen sus viejos muros, dejan de susurrar el alegre murmullo de todos los días. El héroe castellano, este hombre que al pelear -como canta el Poema- parescía entre todos un fermoso castiello, está aquí, de cuerpo presente, y sólo se oye el tañido lúgubre de las campanas, el toque de difuntos sobre el silencio dolorido de¡ pueblo y de los campos, y la salmodia funeral de los monjes».

Aquí radican, en definitiva, nuestras razones para querer que se salve San Pedro de Arlanza, como uno de los más preciados símbolos y señas de identidad de nuestro pueblo; como un sagrado relicario de¡ alma castellana.

Porque -óiganlo aquéllos que, por la codicia del poder, ignoran y tratan de destruir la realidad e identidad del pueblo castellano Castilla, a pesar de todo, existe.

* * *


Castilla es una personalidad colectiva, una identidad histórica y cultura¡. El pueblo castellano aparece en la historia a partir de[ siglo IX como un ente nuevo y diferenciado, como una nación original, crisol de cántabros, vascos y ceitíberos, radicada en el cuadrante noreste de la Península. Este pueblo desarrolla una cultura de rasgos peculiares que trae el sello de su espíritu progresivo y renovador: la lengua castellana y un conjunto de instituciones económicas, sociales, jurídicas y políticas de signo popular y democrático, asentadas en la concepción fundamental castellana de que «nadie es más que nadie».

Cuando este pueblo consigue realizarse conforme a su propio temperamento y condiciones de vida, durante varios siglos, en el marco incluso de un propio Estado castellano, Castilla da nacimiento a la primera democracia que hay en Europa. Con la absorción de Castilla por la Corona llamada castellano-leonesa, germen del Estado español, Castilla pasa a ser sólo una de las partes sujetas a una estructura global de poder. Este poder no responde a los tradicionales esquemas populares y democráticos castellanos sino que acusa una vocación imperial y señorializante.

Durante varios siglos Castilla se ha visto desnaturalizada: por el régimen señorial, por la monarquía moderna, por el centralismo y el absolutismo de unos y de otros. Se ha inventado una falsa imagen de Castilla como pueblo dominante e imperialista que ha sojuzgado a los demás de España, imponiéndoles por la fuerza su idioma, su cultura y sus leyes. Tópica e injusta imagen castellana que tanto daño nos ha hecho a todos, al hacer más difícil todavía la gran empresa de¡ entendimiento y vertebración de España.

Como hemos predicado tantas veces, Castilla no es eso. No ha habido una hegemonía castellana ni un centralismo de Castilla. Los ideales e instituciones genuinos de Castilla nada tienen que ver con el absolutismo ni el imperialismo. La tradición castellana es popular, democrática y foral: respeto de la dignidad humana, libertad e igualdad ante la ley, estado de derecho consagrado en los fueros, pactos y acuerdos de unos Concejos con otros, con el rey y con otros Estados. Castilla no ha sometido a los demás pueblos peninsulares ni les ha hipotecado su personalidad histórica. Castilla no ha sido culpable sino víctima: la primera y más perjudicada víctima del centralismo español.

En nuestros días, por las agresiones sistemáticas del centralismo político y cultural y del desarrollísmo económico, ese perjuicio ha llegado a extremos dramáticos. El pueblo castellano, campesino en su mayor parte, ha sido expoliado, forzado a emigrar de una tierra empobrecida de la que las estructuras dominantes se han ocupado sólo para succionarle todos sus recursos; y así Castílla ha devenido dramáticamente una tierra subdesarrollada, despoblada, desangrado, casi destruida por un inícuo proceso provocado de degradación vital.

Pero el pueblo castellano, ciudades y villas empobrecidas, campesinos marginados, gentes expoliadas -como dice el Manifesto de Covarrubias, de Comunidad Castellana- no ha sucumbido a pesar de todo. Y en este crítico momento de su historia, en que ve comprometida su propia supervivencia como tal pueblo, se levanta, necesita levantarse, para afirmar su derecho y su voluntad de sobrevivir.

* * *


Es la hora del regionalismo y de la autonomía, de que tanto se habla en estos tiempos. Castilla necesita, en efecto, del regionalismo y de la autonomía para recobrarse y sobrevivir; pero con tal que ese regionalismo y esa autonomía no sean engañosos y ficticios, sino auténticos.

Nosotros estamos aquí y clamamos por la salvación del monasterio de San Pedro de Aríanza, y de todos los valores, intereses, símbolos y tradiciones de Castilla en los que se expresa la identidad de nuestro pueblo, porque creemos en un regionalismo popular.

Porque la región no ha de ser un hecho político, administrativo o económico, al servicio de las ambiciones de poder de las oligarquías dominantes en cada circunstancia; sino que para nosotros la región es una realidad mucho más compleja y profunda, hecha de factores geográficos, históricos, antropológicos y culturales, y también económicos. Pero nunca la región puede ser una división tecnocrática del territorio, al servicio de nuevos centralismos políticos y administrativos, y que nada tienen que ver con una concepción humanista y progresista del hecho regional, entendido como ámbito de vida humana comunitaria, como entorno ecológico y cultural del hombre y vía más efectiva para su liberación.

La región es básicamente un hecho cultural: una comunidad entrañada por la tierra, la historia, los antepasados, las tradiciones, las costumbres, las formas de vida, el entorno biocultural y social, el medio en que se nace. Es lo que nosotros llamamos un pueblo: una comunidad de hombres que viven juntos y que, por la conjuncion de una serie de factores comunes, se reconocen como una identidad.

Hombres y mujeres que viven en una tierra, a la que aman como, su tierra. Nosotros amamos profundamente a nuestra tierra, este país castellano, del que hemos sido hechos y al que seremos devueltos; y amamos todo lo que constituye el país: el pueblo, el paisaje,, los robles, las encinas, los enebros, los fresnos, las praderas, las viñas y los álamos del río en la ribera. Esta tierra a la que queremos preservar de la destrucción.

Este regionalismo popular concibe la región a partir del pueblo; la región no puede ser inventada o fabricada; no es un simple espacio territorial; es un espacio geográfico, cultural y popular; es la casa, geográfica e institucional, de un pueblo.

* * *


Para nosotros, en el marco de este regionalismo popular y cultura¡, la tarea que se nos impone es la de recuperar la conciencia de pueblo y sus señas de identidad y rescatar la genuina tradición cultural castellana, como condiciones de supervivencia colectiva y libertad.

El reencuentro de Castilla con su propia identidad, la recuperación de la conciencia de su personalidad histórica y cultural, son las cuestiones en que radica el ser o no ser del pueblo castellano. Si resurge en nosotros la conciencia de pueblo -ni más ni menos que el pueblo catalán o el pueblo vasco-, y con ella, consecuentemente, por la misma naturaleza de las cosas, la voluntad colectiva de continuar existiendo como tal y de reclamar para ello los medios necesarios, Castilla se habrá salvado.

Y podrá contribuir, en condiciones homogéneas y equivalentes a las de los otros pueblos de España, y concretamente las llamadas nacionalidades históricas -y conste que Castilla no lo es menos que ninguna- a una construcción armónica, solidaria y fecunda de España.


* * *


Desgraciadamente, la clase política ha ignorado a Castilla, la ha utilizado poniéndola al servicio de sus particulares conveniencias en la lucha por el poder y la ha eliminado de¡ mapa autonómico de España. La creación de la híbrida y artificioso entidad regional de Castilla-León, así como la de Castilla-La Mancha, son decisiones políticas gravemente erróneas, que han herido profundamente a nuestro pueblo, y que dejan escrita en la historia de nuestros días la gravísima responsabilidad que tienen contraída los autores de este desafuero.

La sola enunciación de los nombres de estas dos nuevas entidades, Castilla-León y Castilla-La Mancha, extraños conglomerados promovidos de mala manera y sin el previo consentimiento de los pueblos afectados, pone de manifiesto que Castilla ha sido mutilada y que importantes porciones de esta región, pueblo o nacionalidad han sido anexionados a sus vecinos, los antiguos reinos de León y Toledo. Hecho inexplicable, y que no puede justificarse, dada la destacada personalidad de Castilla en la historia, la cultura y el conjunto todo de la nación española.

El engendro que llaman “Castilla y León” es obviamente una mera invención tecnocrática, que no responde más que a motivaciones e intereses políticos.

«Castilla y León. es un híbrido extraño en el que «Castilla. es lo que cuenta y León queda reducido a un papel subalterno y residual. Se entiende la falsa Castilla, la «grande e imperial., que subyace en esta concepción -teorizada en la elucubración totalitaria de Onésimo Redondo-, y que implica la anulación de la identidad leonesa.

Los partidarios de este artificio, para nombrar a la pretendida región hablan indistintamente de Castilla y León o de Castilla, nunca de León. Para ellos se trata de una hipóstasis «castellana»; usan, increíblemente, la dualidad «Castilla y León» como sujeto singular, y han llegado a inventar la entelequia de «lo castellano-leonés-: el pueblo castellano-leonés, la cultura castellano-leonesa. Para ellos ya no hay castellanos o leoneses, netos y claros, cada uno en su propia identidad, sino sólo esa miscelánea de «castellano-leoneses.. Nos preguntamos: ¿es posible para un hombre de León o Zamora, de Burgos o Soria, ser y sentirse castellano-leonés?

Su argumento consiste en que, desde el siglo XIII, Castilla y León están unidos, mezclados y confundidos en una sola entidad histórica, ya homogénea, y que no hay dos regiones diferentes sino una sola, que coincide con la cuenca del Duero. (No tienen empacho alguno en excluir de Castilla, sin contemplaciones, a tierras o provincias tan esencialmente castellanas como las de Santander y Logroño, hoy llamadas Cantabria y Rioja).

Parece claro que no es así. Tradicionalmente, a efectos administrativos, oficiales, culturales, etc., se ha reconocido siempre como un hecho natural la existencia de las dos regiones, hasta que arbitrariamente, en nuestros días, las han fusionado los partidarios de esta «duerolandia». (Territorio, por otra parte, desde el punto de vista práctico o político, demasiado extenso y heterogéneo para permitir una administración autónoma eficaz).

Castilla, nuestra verdadera región, no es susceptible de reducción a la «cuenca del Duero., siendo así que, por ejemplo, la tercera parte del territorio de la provincia castellana más extensa, la de Burgos, vierte sus aguas al Ebro, que la recorre a lo largo de 145 kilómetros, y en el que radica precisamente, en el alto Ebro, la cuna de Castilla.

León y Castilla no pueden tampoco confundirse o identificarse con la Corona o Estado de ese nombre. Solamente son partes, regiones, países o reinos de esa Corona; juntamente con otros: Galicia, Asturias, Extremadura, Toledo-La Mancha, Andalucía, Murcia, etc. Lo mismo que Aragón, Cataluña, Valencia y las islas Baleares eran entidades diferenciadas dentro de la llamada Corona de Aragón.

Además, León y Castilla no son tampoco identificables entre sí, sino que, aun formando parte integrante y destacada de un mismo Estado o Corona, conservaron su propia y respectiva individualidad.

Como señaló el maestro Bosch-Gimpera, la unión definitiva de las coronas de León y Castilla, operada en 1230 bajo Fernando lII, no implicó la fusión de sus diversos pueblos ni la uniformación de sus leyes e instituciones. El Fuero Juzgo, profundamente romanizado, continuó siendo la legislación fundamental en los países de la corona de León, mientras que Castilla preservó largo tiempo sus derechos forales, usos y costumbres, es decir, la tradición jurídica de la tierra, de honda raíz germánica. Las Cortes de ambos reinos se reunieron y legislaron por separado para cada uno de ellos; en todo caso hasta comienzos del siglo XIV, y frecuentemente después. Entonces, cuando se convocaron Cortes generales, éstas no eran ya las de los prístinos reinos de León y Castilla, sino conjuntamente las de todos los territorios pertenecientes a la Corona. Al mismo tiempo, siglos XIII y XIV, las Hermandades de los pueblos funcionaron también por separado: Hermandad de los concejos del reino de León (con sede en la ciudad de León) y Hermandad de los concejos del reino de Castilla (con cabeza y sello en Burgos).


* * *


El reconocimiento oficial de la existencia de las dos regiones de León y de Castilla -ésta subdividida en Castilla la Vieja y Castilla la Nueva- es una constante de la tradición legal española, hasta la caprichosa invención del «ente castellano-leonés» en nuestros días.

Por citar un ejemplo significativo, recordemos la composición del Tribunal de Garantías Constitucionales de la segunda República española. Como es sabido, los artículos 121 a 124 de la Constitución de 1931 establecieron ese Tribunal con jurisdicción en todo el territorio nacional, para conocer, entre otras materias de su competencia, del recurso de inconstitucionalidad de las leyes; y del que formaría parte «un representante por cada una de las Regiones españolas, elegido en la forma que determine la ley».

La ley de 14 de junio de 1933, que vino a regular la estructura y funcionamiento del Tribunal, determina en su artículo 10 que cada región autónoma, una vez aprobado su estatuto, tendrá derecho a nombrar un Vocal que la represente en el Tribunal de Garantías; y en su artículo 11 establece que para la representación de las regiones no autónomas se considerarán como regiones las siguientes: Andalucía, Aragón, Asturias, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Extremadura, Galicia, León, Murcia, Navarra, Vascongadas y Valencia. Cada una de estas regiones designará un representante, elegido por los concejales de sus Ayuntamientos.

Como se advierte, para los legisladores de los años 30, conforme al derecho constitucional de España, León y Castilla sí que eran dos regiones diferentes, cada una con su propia personalidad político-administrativa.


* * *


Pero, a pesar de los engendras fraguados en nuestros días por las oligarquías políticas, la realidad es que León y Castilla existen en efecto como pueblos diferenciados, como dos regiones definidas, bien presentes en sendos cuarteles del Escudo Nacional. Y, como queda dicho, así han sido siempre reconocidos, hasta que en los últimos tiempos ciertos políticos han venido a confundirlos en este amasijo «castellano-leonés», arbitraria invención con la que a leoneses y castellanos se nos quiere hacer comulgar con ruedas de molino.

Los pueblos de León y de Castilla tienen perfecto derecho a verse respetados como identidades diferenciadas; a la protección - conforme garantiza el preámbulo de la Constitución Española de 1978 de sus culturas, tradiciones e instituciones peculiares, y a que se reconozca su derecho constitucional a integrarse en comunidades autónomas propias - la leonesa y la castellana- como los demás pueblos de España.

En este día saludamos fraternalmente, y con especial afecto, a nuestros queridos amigos leoneses presentes en este acto y que nos honran con su asistencia, y hacia los que sentimos y expresamos el más sincero sentimiento de solidaridad.

Frente a la incomprensión de¡ poder centralista y la imposición de la camisa de fuerza -castellano-leonesa», yo estoy seguro de que los pueblos de León y de Castilla -ténganlo presente los que nos atropellan- no se resignarán.

Queridos amigos, estamos aquí, una vez más, bajo la sombra sagrada de¡ buen conde Fernán González, en esta tierra y en este monasterio que él amó tanto, y que es preciso salvar, para ayudarnos unos a otros a encontrar y revitalizar nuestras raíces.

Sólo reconociendo nuestro ser más profundo como comunidad humana, teniendo conciencia de lo que somos y proclamando nuestra existencia colectiva, afirmando y reivindicando la personalidad genuina de Castilla, y amando decidida e irrevocablemente esta tierra castellana de la que hemos salido y a la que seremos devueltos, tendremos un puesto en el futuro.

He dicho.

¡Viva Burgos!
¡Viva Castilla!
¡Viva España!

Manuel Gonzalez Herrero
San Pedro de Arlanza 12 junio 1983

martes, noviembre 29, 2005

LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA CASTELLANAS, PASADO Y PRESENTE (Felix Javier Martinez LLorente) Continuación

sistema, por el cual una urbe cabecera, recientemente poblada, recibe del rey no sólo la.nuda propiedad sobre unos, más o menos am¬plios, terrenos circundantes a la misma para su revitalización y explotación por la nueva comunidad con exclusividad, sino también una amplia autonomía muni¬cipal con importantes competencias gubernativas, económicas, fiscales, milita¬res y hasta normativas (3).
Todas aquellas aldeas que, o bien tuviesen una existencia anterior a la crea¬ción misma de la Comunidad y se encontrasen encuadradas en los nuevos terri¬torios otorgados por el monarca a la nueva urbe capitalina, o bien habían sido erigidas con posterioridad a dicho evento, bien por particulares, bien por el pro¬pio concejo villano en uso de sus atribuciones repobladoras, en el término muni¬cipal antedicho, se encontraban sometidas en todo al señorío colectivo ejercido sobre ellas por parte de las autoridades urbanas. El concejo de la ciudad o villa era el depositario último del señorío total sobre el territorio bajo su administra¬ción, sin perjuicio del derecho correspondiente al monarca, y su revitalización, explotación y defensa corría siempre a cargo de los órganos gubernativos villa¬nos o a aquéllos en quienes éstos expresamente delegasen.
Las aldeas integrantes del mencionado término no podían ser, pues, una ex¬cepción a este régimen general, y por ello su actividad pública se encuentra siem¬pre mediatizada por lo que la villa cabecera pudiera establecer para la misma. En el concejo central, al respecto, se decide no sólo su gobierno y administración, sino que también a sus autoridades judiciales deberán acudir todos aquellos al¬deanos que mantuviesen un litigio. En el aspecto militar, las aldeas están obliga¬das a acudir al fonsado concejil y al desempeño de variables funciones de vigilan¬cia y defensa.
El número total de Comunidades de Villa y Tierra que surgieron en el ámbito territorial de la Extremadura castellana no fue siempre estático en el tiempo, sino que variará a medida que el alejamiento de la frontera sea un hecho. Para el pri¬mer período de asentamiento concejil desarrollado entre los siglos XI y XIII, el profesor Martínez Diez ha contabilizado

un total de 42 Comunidades
, cuya nómi¬na, desde las estribaciones del Moncayo, por tierras de la actual provincia de So¬ria, en los límites con el reino de Aragón y hasta la tierra pacense mucho más al sur, pasando por las actuales provincias de Segovia, Valladolid y Avila, es la siguiente: Yanguas, San Pedro Manrique, Magaña, Agreda, Ucero, Osma, San Esteban de Gormaz, Caracena, Gormaz, Berlanga, Andaluz, Calatañazor, Soria,Almazán, Medinaceli, Molina, Atienza, Aza, Montejo, Maderuelo, Ayllón, Sepúl¬veda, Fresno de Cantespino, Pedraza, Roa, Cabrejas, Peñafiel, Curiel, Fuentidueña, Cuéllar, Portillo, Iscar, Coca, Segovia, Olmedo, Medina del Campo, Arévalo, Avila, Béjar, Plasencia, Trujillo y Medellín 4. A partir del siglo XIII se abre un nuevo pe¬ríodo en la creación de nuevas Comunidades de Villa y Tierra. Utilizando para ello las tierras más meridionales de algunas anteriores, o, sencillamente, por secesio¬nes territoriales internas auspiciadas por el propio poder regio, van a surgir otras nuevas Comunidades, en todo análogas a sus concejos matrices, pero, por lo ge¬neral, de menor extensión que éstos. Son los casos de los concejos de villa y al¬deas de El Burgo de Osma, Morón de Almazán, Cifuentes, Sigüenza, Piedrahíta, El Barco, El Mirón y La Horcajada (5). De estos últimos tan sólo la villa de Piedra¬híta y su tierra conserva actualmente su estructura territorial «comunitaria» me¬dieval.
La sociedad extremadurana medieval era una sociedad esencialmente militar. Con esta finalidad había surgido y a ella se dedicaba en cuerpo y alma. Su estruc¬tura administrativa y su vida social giraba en torno a esta concepción del queha¬cer diario. Es lógico pensar que, cuando a mediados del siglo XIII la frontera con el poder musulmán se sitúe en las riberas del río Guadalquivir merced al impulso que el avance cristiano reciba por parte de las recientemente creadas órdenes mi¬litares del reino, el declive de las otrora potentes milicias concejiles extremadura¬nas, que habían sido en cierto modo la razón de ser de las propias ciudades¬frontera, pueda ser ya un hecho perfectamente constatable. A partir de este momento la célebre caballería villana, directora y administradora del gobierno ur¬bano en toda su extensión, y al objeto de dar fin a su creciente inactividad que traía consigo una merma sustancial de sus recursos económicos causa belli, va a volver la vista sobre su propio término concejil, de cuyo aprovechamiento po¬dría conseguir, como de hecho así ocurrirá, cuantiosos rendimientos. El declive de la función militar de la Extremadura castellana, por tanto, se va a ver compen¬sado con la potenciación de sus funciones económicas, y aquí es donde pode¬mos apreciar ya el germen de lo que en un futuro será su importante patrimonio fundiario, que aún en la actualidad permanece. Avila, Segovia, Soria, Piedrahíta, Cuéllar, Medinaceli o Atienzá, ciudades y villas de vasto territorio e importante riqueza agropecuaria, son algunos de los ejemplos más significativos de comuni¬dades adaptadas al correr de los tiempos desde la Baja Edad Media.
El fenómeno de la señorializáción, finalmente, va a suponer un duro y definiti¬vo golpe para la supervivencia de muchas de ellas, sobre todo de su necesaria e importante integridad territorial. A partir del establecimiento de la dinastía Tras¬támara en el trono castellano-leonés (mediados del siglo XIV) los monarcas van a conceder, generosa e indiscriminadamente, a la mayor parte de sus partidarios numerosas mercedes o donaciones señoriales, consistente con frecuencia en la jurisdicción sobre un elevado número de villas y aldeas. La mayor parte de las antiguas Comunidades de Villa y Tierra fueron abandonando, de esta forma, el realengo, o a ver seriamente cercenados sus términos municipales para caer bajo la órbita señorial.

Algunas sobrevivirán a dicho proceso de descomposición, fortaleciéndose aún más, sorprendetemente, en su organización comunitaria merced al apoyo y sal¬ vaguarda de sus respectivos titulares señoriales, caso de Piedrahíta, El Barco, Fuen¬tidueña, Maderuelo o Yanguas. Por el contrario, para otras muchas, dichas me¬didas supondrán su definitiva desaparición al desaparecer con ellas su sustancioso patrimonio fundiario, repartido entre las nuevas jurisdicciones que surgían como consecuencia de la política señorial reseñada. Entre estos últimos, merece la pena ser citados los casos de Medinaceli, Sigüenza, Atienza, Curiel o Magaña, entre otros.

B) DE SU SUPRESION A SU RECONOCIMIENTO: 1837-1877

Aunque la Real Orden dictada por S.M. la Reina Gobernadora el 31 de mayo de 1837 venía a suprimir «las Juntas o Ayuntamientos generales de Universida¬des de tierra» que se asentaban entre los límites de la recientemente creada pro¬vincia de Soria, lo cierto es que la misma, a tenor de su disposición final, va a tener carácter general, intentándose así su aplicación a todas las entidades de idéntica naturaleza existentes en otras provincias del reino y que podían hacer inoperante, hasta cierto punto, la recientemente reinstaurada organización muni¬cipal gaditanas (6). Va a ser la reforma municipal del reino uno de los principales ob¬jetivos de los legisladores de las Cortes de Cádiz, y por ello el más importante de sus textos legislativos, la Constitución de 1812, prescribía los parámetros y principios fundamentales que debían inspirarla (7), así como el desarrollo de su or¬ganización y competencias (8). Dos posteriores decretos, complementarios el uno del otro y dictados el 23 de mayo y 10 de julio del mismo año, sobre formación de los nuevos Ayuntamientos constitucionales, eliminaban definitivamente los an¬tiguos Regimientos concejiles y establecían Corporaciones gubernativas en to¬das las entidades de población del reino (9). Las competencias administrativas que éstas adquirían serán explicitadas por cierta «Instrucción para el gobierno eco¬nómico-político de las provincias de 23 de junio de 1813», en su capítulo I, al re¬señar que en lo sucesivo cada Ayuntamiento deberá asumir privativamente aque¬llas actividades que anteriormente eran dirigidas por la urbe cabecera de jurisdic¬ción y, sobre todo, los de naturaleza agropecuaria (10).

Toda esta normativa, en su conjunto, recoge sin ambages de ningún tipo bue¬na parte de los principios informadores de la doctrina liberal, ideología mayorita¬ria, por otro lado, entre los integrantes de las Cortes constituyentes de Cádiz,
y que en esencia venían a eliminar de raíz aquellas tradicionales organizaciones administrativas claramente representativas de todo lo que el Antiguo Régimen había supuesto de sometimiento y jerarquía de unos a otros.
Las Comunidades de Villa y Tierra son observadas como arcaicos modelos organizativos, vestigios de un mundo medieval señorial en que «unos muchos eran sometidos por unos pocos», razón por la cual, sin atender a otra posible mo¬tivación para su existencia, se va a proceder a su tácita disolución, al crear tantas nuevas jurisdicciones y Ayuntamientos como núcleos de población los con¬formaban. El paso hacia su expresa derogación estaba ya dado. Por ello, a pesar de que de 1814 a 1829 se retorne en todos los campos al régimen preconstitucional, a partir sobre todo del pronunciamiento de Riego de enero de este último año, nue¬vamente se va a retomar la reforma administrativa allí donde se dejó, pero dando una paso más adelante. Fruto de esta tarea fue la promulgación de una segunda «Instrucción para el gobierno económico-político de las provincias», de 3 de fe¬brero de 1823, que abundaba aún más en los fundamentos utilizados diez años antes para acometer la misma (11)
Una nueva ruptura con el orden constitucional, que abarcará de 1823 a 1836 y, por consiguiente, un indefectible retorno al viejo sistema del Ayuntamiento único darán paso a una nueva y definitiva etapa de vigencia de la Carta Magna gadita¬na, que fomentará de nuevo la reforma administrativa local, iniciada hacía años, mediante el reconocimiento de la absoluta vigencia de la célebre Instrucción de 1823 (12).
Así, de esta forma, los nuevos Ayuntamientos y Diputaciones del reino inician su andadura institucional, suplantando de modo inexorable a las antiguas juntas comuneras en todas aquellas competencias y funciones de claro matiz gubernati¬vo, y subrogándose en su tradicional posición. Los nuevos Ayuntamientos serán los que pasen a administrar todos aquellos bienes y rentas que anteriormente per¬tenecían al común de vecinos; pero, por lo general, el desarrollo o desempeño de tales funciones no será de la total satisfacción de todos aquellos pueblos que habían conformado aquella única jurisdicción y a la cual pertenecían aquellos bie¬nes cuya distribución se discutía.
A estos concretos problemas intentará dar solución la famosa Real Orden de 31 de mayo de 1837, suprimiendo las Juntas o Ayuntamientos Generales de Uni¬versidades de Tierra (13). La misma, dictada a petición de parte -los representan¬tes de la Universidad de la Tierra de San Pedro Manrique, los alcaldes de los pue¬blos de la jurisdicción de Caracena y los representantes de cuatro de los cinco sexmos de la Universidad de la Tierra de Soria- tendrá, no obstante, tal y como declara en su disposición última, un carácter general. O lo que es lo mismo: lo en ella preceptuado debe servir de regla general para los casos de igual naturaleza 14.
La Real Orden de 1837 incurría en un grave error al desconocer que la existen¬cia de esta entidad supramunicipal era totalmente compatible, puesto que no su¬ponía obstáculo alguno a la formación de Ayuntamientos en todos los pueblos, como se había pretendido desde la Constitución de 1812, con el nuevo régimen municipal.
En última instancia, la culminación de ese proceso «reformista» se va a dejar en manos de la iniciativa de todos y cada uno de los Ayuntamientos y Diputacio¬nes Provinciales que hasta cierto punto estuviesen afectados por entidades de este tipo. Es por ello por lo que nos vamos a encontrar con una gran variedad de procedimientos -resolutorios unos, respetuosos otros- a nivel provincial que denotan la indecisión y variedad de opiniones acerca de su subsistenca o no. Mien¬tras en provincias como Avila o Soria la Real Orden se va a aplicar de modo tajantel5, en el caso de Segovia, su Diputación Provincial, mediante acuerdo de 15 de junio de 1838 plasmado en una circular general remitida a los municipios afectados, del 20 del mismo mes y año, va a reconocer los tradicionales y arraiga¬dos intereses comunitarios que subyacían a su existencia, procediendo seguida¬mente a una reorganización administrativa de tipo continuista que dará luz verde a la creación de unas juntas administrativas con el exclusivo fin de resolver el pro¬blema patrimonial de las mismas. Esta nueva andadura comunitaria debía ser fis¬calizada en su actuación, en todo momento, por la Diputación Provincial sego¬viana que gozará de plenos poderes sobre las mismas (15)
El problema va a surgir cuando, como consecuencia de la división provincial de 1833, que no respetó demasiado las tradicionales demarcaciones político¬administrativas, el ancestral territorio de una Comunidad de Villa y Tierra quede repartido entre dos o más provincias. ¿Qué Diputación sería competente en estos casos para reconocer o establecer una junta de administración para las mismas (16)
El primero de los municipios en plantear problemas de esta índole será el de Cuéllar, en la provincia de Segovia. Dicha villa, cabeza de la Comunidad de Villa y Tierra de igual nombre, contaba con unos extensos límites territoriales que des¬de 1833 se encontraban repartidos entre la provincia de Segovia y la de Vallado¬lid. Pues bien, dicha Comunidad, en virtud de Real Orden de la Regencia del Rei¬no de 22 de diciembre de 1840, siendo Ministro de Gobernación don Manuel Cortina, consiguió el que sus bienes comunales, el principal objeto que mantenía su existencia, continuasen siendo administrados por los representantes de los Sex¬mos de la Tierra, reservándose para la Diputación Provincial segoviana el conoci¬miento y aprobación de sus cuentas una vez que se hubiese informado y oído a la Diputación Provincial vallisoletana, en tanto en cuanto diez Ayuntamientos de la misma dependían de ella. El jefe político de la provincia de Segovia y, poste¬riormente, el Ministro de la Gobernación serán los únicos competentes para co¬nocer de cualquier reclamación que por parte de los comuneros se plantease (17). No obstante, la propia Real Orden finalizará su tenor recordando la excepcional¡¬dad de «semejante sociedad» y solicitando la creación de «informes convenien¬tes de los Ayuntamientos interesados», en los que se deberá expresar la «conve¬niencia o perjuicios que resultarían de la división de la propiedad que hoy disfrutan en común y acerca del medio de verificarla con el menor coste posible, guardan¬do las reglas equitativas que aseguren a cada pueblo el derecho que le corres¬ponda», o lo que es lo mismo, su definitiva disolución (18).
La misma no supondrá ni una reorganización, ni una regulación legal; ni tan siquiera se dispuso su subsistencia futura. Unica y exclusivamente se reconoció su existencia real estableciendo un mecanismo determinado para facilitar su go¬bernabilidad y el respeto al ordenamiento jurídico y a los derechos de cada uno de los municipios comuneros hasta que se produjese su definitiva disolución. Buen resultado práctico debió dar la misma, pues una nueva Real Orden de 4 de junio de 1857, dictada a petición de los representantes de los pueblos de la Comunidad de Tierra de Segovia, les extenderá su régimen jurídico al ofrecer una «extraordinaria analogía y casi completa identidad» con la de Cuéllar. En de¬finitiva, y en lo sucesivo, la-Comunidad de Ciudad y Tierra segoviana deberá ad¬ministrar sus propiedades al igual que lo efectuaba la comunidad cuellarana (19). Esta situación de interinidad va a durar sin solución de continuidad hasta los años finales del reinado de Isabel ll, en que se inaugura un período de corrección de todos aquellos excesos que en materia municipal había producido el rígido in¬dividualismo municipalista del liberalismo gaditano.
El primer gran paso para el definitivo reconocimiento legal de las comunida¬des territoriales históricas vendrá de la mano de la Ley Municipal de 20 de agosto de 1870 (20). La misma posibilitaba la unión o federación de Ayuntamientos para determinados fines de interés mutuo, lo cual venía a significar un implícito reco¬nocimiento de todas aquellas agrupaciones que con idéntica naturaleza venían ya funcionando desde 1837 con un régimen jurídico próximo al de las manco¬munidades municipales futuras, pero que impedimentos legales de toda índole habían permitido desarrollar de forma libre, tal y como tradicionalmente lo efec¬tuaban.
Finalmente, la Ley Municipal de 2 de octubre de 1877, en los inicios de la Res¬tauración borbónica, rompiendo con el maleficio de la Real Orden de 1837, que tanto peso había tenido en la definitiva disolución y desaparición de un buen nú¬mero de Comunidades de Villa y Tierra, vendrá a reconocer expresamente, más allá de lo que lo había hecho la ley de agosto de 1870, la existencia de todas aquellas comunidades territoriales históricas, así como de sus más peculiares formas de administración y gobierno, sometiéndolas, únicamente en los supuestos de re¬clamaciones, a la normativa general que sobre asociaciones tiene el Estado (21). Se cancela de este modo un largo período de más de cuarenta años, en que estas tradicionales entidades asociativas supramunicipales estuvieron a punto de desa¬parecer a manos del poder político de la época, cegado por un irresponsable des¬conocimiento de las mismas, así como de lo que suponían para la particular eco¬nomía de sus integrantes.
Como consecuencia, y al amparo de este expresivo reconocimiento legal, buena parte de las Comunidades de Ciudad o Villa y Tierra que, más mal que bien, aún subsistían administrando los bienes comunales que aún les restaba tras la desa¬mortización de los mismos emprendida en 1855 por Pascual Madoz 22, procedie¬ron a la redacción de concretos reglamentos con el fin de asegurarse un buen funcionamiento de su régimen interno, así como una específica regulación del tratamiento que se debía dar a su patrimonio comunal. La villa de Cuéllar los ela¬borará y aprobará en 1855 y, posteriormente, en 1895; la Comunidad del Ochavo de Prádena, el 17 de mayo de 1895; la Mancomunidad de los 150 pueblos de la Tierra de Soria, el 15 de agosto de 1898; la Comunidad de Villa y Tierra de Made¬ruelo, en 11 de marzo de 1904; la Comunidad de Villa y Tierra de Fresno de Can¬tespino, el 12 de marzo de 1904; la Comunidad de Villa y Tierra de Iscar, el 18 de junio de 1907; la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza, el 3 de abril de 1910, y la Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña, el 29 de diciembre de 1920. Como excepción a todos ellos, la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia ya había redactado su Reglamento el 31 de marzo de 1873, adelantándose sorprendente¬mente al nuevo período histórico, como recoge en su magnífica obra el cronista Carlos de Lecea 23.
La Comunidad de Villa y Tierra de Avila, tras el duro golpe que, para su exis¬tencia futura y vigencia formal, supuso la declaración, por parte del Tribunal Su¬premo, de su no supervivencia en una célebre sentencia de 31 de marzo de 1873 (24) , va a continuar su andadura histórica, regida por aquel administrador del asocio y aquel depositario que en 1854 estableciera para su gobierno la Real Or¬den del Ministerio de la Gobernación, hasta que otra Real Orden de 6 de junio de 1911 constituya un Consejo de Administración compuesto por el señor gober¬nador civil de la provincia, como presidente, y cinco miembros más, entre los que se contaban el presidente de la Diputación Provincial, el alcalde-presidente del Ayuntamiento abulense, el ingeniero jefe de Montes, el comisario regio de Agri¬cultura, Industria y Comercio, así como un representante de los pueblos (25), que dará paso, ocho años más tarde, a la creación solemne de la Junta del Asocio con carácter institucional. La Real Orden de 20 de junio de 1919 concederá la ad¬ministración de los bienes del Asocio a una Junta de Delegados de los Ayunta¬mientos integrantes del mismo, quienes con fecha 30 de septiembre del mismo año aprobaron mayoritariamente el Reglamento de la entidad, que permaneció vigente hasta 1951 26.

C) DE LA LEY MUNICIPAL DE 1877 A NUESTROS DIAS: SU PROTECCION INSTITUCIONAL

Si la Ley Municipal de 2 de octubre de 1877 había supuesto su definitivo reco¬nocimiento por parte de la Administración Pública dejando para siempre el ámbi¬to de la ilegalidad jurídica en el que se habían encontrado desde principios de si¬glo, el Estatuto Municipal de 8 de marzo de 1924 va a suponer el reconocimiento de sus respectivas entidades organizativas como de derecho público, así como el otorgamiento, igualmente, a sus órganos rectores de la potestad reglamentaria de la que goza cualquier administración inferior del Estado (27).
La reforma de Primo de Rivera será punto de referencia fundamental en lo sucesivo, a fin de regular normativamente en posteriores leyes locales el fenóme¬no de los Asocios o Comunidades de Ciudad/Villa y Tierra. De esta forma, la Ley Municipal republicana de 31 de octubre de 1935 disponía, en su artículo 29, que «se respetarán las antiguas Comunidades de Tierra, y si se produjeran reclama¬ciones sobre su administración, el Ministro de la Gobernación, previo acuerdo del Consejo de Ministros e informe del de Estado, podrá someter dichas Comuni¬dades a lo dispuesto en este capítulo, sin perjuicio de las acciones que pueden ejercitarse en la jurisdicción ordinaria». Este artículo será incorporado posterior¬mente a la base 3.' de la Ley de Bases del Régimen Local de 17 de julio de 1945 y, más adelante, al texto articulado de la Ley de Régimen Local de 16 de diciem¬bre de 1950 y al artículo 40 del texto refundido de la Ley de Régimen Local de 24 de junio de 1955 (28). Cinco preceptos más -el artículo 101 del Reglamento de
Organización, Funcionamiento y el Régimen Jurídico de las Corporaciones Loca¬les de 17 de mayo de 195229, y los artículos 69, 70, 71 y 72 del Reglamento de Población y Demarcación Territorial de las Corporaciones Locales de igual fecha 30--, además del artículo 40 de la citada ley, será todo el régimen jurídico general del que gocen, hasta el año 1977, las comunidades históricas tradicionales.
En este último año indicado, un Real Decreto -el 3046/1977, de 6 de octubre-, por el que se aprueba el texto articulado parcial de la Ley 41/1975, de 19 de noviembre, de Bases del Estatuto de Régimen Local, introducirá una nueva redacción, en su artículo 17, del mismo tenor que el artículo 69 del Regla¬mento de Población antedicho, y que pasará a sustituir al ya clásico artículo 40 de la Ley de Régimen Locai de 1955 31. El mismo va a ser asumido casi en su to¬talidad más adelante por el artículo 37 del Real Decreto Legislativo 781/1986, de 18 de abril, por el que se aprobaba el texto refundido de las disposiciones legales vigentes en materia de Régimen Local (32).
Con la entrada en vigor de la Constitución española de 1978, que establece una nueva organización territorial del Estado con base en un régimen de Comuni¬dades Autónomas de amplias atribuciones legislativas y gubernativas, se va a tras¬tocar en buena medida el ámbito competencia¡ de las administraciones públicas al entrar en juego una nueva estructura intermedia entre la estrictamente central y la local. La ordenación del territorio será una de esas competencias básicas queserán transferidas a los nuevos entes autónomos, pasando a subrogarse en la po¬sición que hasta el momento desempeñaba el gobierno de la nación 33.
La casi totalidad de las Comunidades de Villa y Tierra que con sus diferentes nombres subsisten hoy se encuentran encuadradas dentro del territorio de la Co¬munidad Autónoma de Castilla y León. Unicamente la Comunidad del Real Se¬ñorío de Molina y su Tierra, en la provincia de Guadalajara, no pertenece a dicha región, al engrosar el territorio de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Man¬cha. Pese a esta singular desproporción, el Estatuto de Autonomía castellano¬leonés no regulará, ni tan siquiera mencionará a nuestros entes asociativos mu¬nicipales, cosa que, por otro lado, no va a ocurrir con el señorío molinés, cuya existencia será reconocida por el artículo 29-2-c de su correspondiente Estatuto de Autonomía (34).
Para finalizar este apartado, debemos hacer mención a dos recientes regla¬mentos, sustitutorios de aquellos otros dictados en 1952, y que van a hacer de nuevo expresa referencia a las comunidades territoriales históricas que hemos ve¬nido analizando. En primer lugar, el nuevo Reglamento de Población y Demarca¬ción Territorial de las Entidades Locales de 11 de julio de 1986, en su artículo 39, reconocerá nuevamente, en la más pura tradición desde hacía ya un siglo, las «entidades conocidas con las denominaciones de Mancomunidades o Comuni¬dades de Tierra o de Villa y Tierra, o de Ciudad y Tierra, Asocios, Reales Seño¬ríos, Universidades, Comunidades de pastos, leñas, aguas y otras análogas», es¬tableciendo que «continuarán rigiéndose por sus normas consuetudinarias o tradicionales», aunque estarán obligadas a «ajustar su régimen económico en cuan¬to a formación de presupuestos y rendición de cuentas, liquidaciones, inventa¬rios y balances a lo prescrito en la Ley» 35; algo que, por otro lado, ya había sido recogido por el artículo 69.1 del anterior Reglamento de 1952, como ya vimos.
La novedad estará en que, por primera vez, la Comunidad Autónoma corres¬pondiente fiscalizará su existencia mediante el registro de sus estatutos 36.
Por lo que respecta al nuevo Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de las Corporaciones Locales de 28 de noviembre de 1986, sustitutorio del de 1952, conservará en su artículo 141 el mismo respeto y amparo hacia «las Comunidades de Tierra, o de Villa y Tierra, o de Ciudad y Tierra, Aso¬cios, Reales Señoríos, Universidades», etc., y sus respectivas normativas que el anterior artículo 101 del Reglamento de 1952 había ya preceptuado (37).

D) COMUNIDADES DE CIUDAD/VILLA Y TIERRA HISTORICAS ACTUALMENTE VIGENTES

Vamos a abordar en líneas sucesivas el particular estudio de todas aquellas Comunidades, Asocios y Universidades que, herederas de aquellas otras de ori¬gen histórico, subsisten actualmente con fines principalmente de aprovechamiento agrícola y forestal. Al objeto de facilitar el mismo, así como una posible compara¬ción entre sus análogos regímenes jurídicos, hemos repartido su tratamiento a lo largo de cinco puntos diferentes: en primer lugar, tras su exacta denomina¬ción, los municipios y localidades que la integran, con especial referencia a su posible capitalidad; en segundo lugar, el objeto y los fines que desarrolla, indi¬cando igualmente, cuando esto fuera posible, los bienes que en el día de hoy po¬see; en un tercer apartado, la normativa por la que se rige; en cuarto lugar, la estructura territorial, si es que existe, del ente; y, finalmente, los órganos de go¬bierno de la misma.
Pasemos, pues, hechas estas observaciones, a analizar cada una en concreto.

1. Ex Comunidad de la Villa de Yanguas y su Tierra (Soria)

a) Pueblos que la forman: los pueblos que forman esta ex comunidad son: Yanguas, Villar del Río, Santa Cruz de Yanguas, Vizmanos, Las Aldehuelas, Dius¬tes, Bretún, Villar de Maya, Santa Cecilia, La Laguna, Valduérteles, Villartoso, Valdecantos, Verguerizas, Valloria, El Ledrado, Los Campos, La Vega, Leria, La Mata, Camporredondo, Vellosillo, La Cuesta, La Aldea, El Cardo y Villaseca Ba¬jera. Varios de estos pueblos se encuentran en la actualidad deshabitados y to¬dos ellos forman los siguientes municipios: Yanguas, Villar del Río, Vizmanos y Las Aldehuelas. La capitalidad reside en Yanguas.
b) El objeto de esta ex comunidad consiste en administrar los bienes que po¬see, distribuyendo sus beneficios entre todos los Ayuntamientos que la compo¬nen, tomando como base el número de habitantes de cada uno de ellos.
Los bienes que le pertenecen son los siguientes: bienes rústicos: 4.262-73-98 hectáreas en tres montes de utilidad pública, números 193, 194 y 195. Además, les corresponde la capilla de la iglesia de Santa María.
c) Normativa: esta ex comunidad se rige por unas normas consuetudinarias. d) No goza de división territorial interior.
e) Como órganos de gobierno tenemos una Junta, compuesta por un Presi¬dente -que ha de ser un vecino elegido por el Ayuntamiento de Yanguas- y tantos Vocales como alcaldes tengan los pueblos que la componen, actuando como depositario el señor Alcalde del Ayuntamiento de Yanguas y como secre¬tario el de este mismo municipio.

2. Mancomunidad de los 150 pueblos de la Tierra de Soria (Soria)

a) Pueblos que la forman: esta mancomunidad la integran las siguientes po¬blaciones: Abión, Alconaba, Aldealpozo, Aldealseñor, Aldealafuente, Aldealices, Aldehuela de Periáñez, Aldehuela del Rincón, Aliud, Almajano, Almarail, Almar¬za, Arancón, Arévalo de la Sierra, Arguijo, Ausejo, Aylloncillo, Barriomartín, Blie¬cos, Buberos, Buitrago, Cabrejas del Campo, Calderuela, Camparañón, Candili¬chera, Canos, Canredondo, Carazuelo, Carbonera, Cardejón, Cascajosa, Castejón del Campo, Castellanos del Campo, Castil de Tierra, Castilfrío de la Sierra, Cido¬nes, Cirujales del Río, Cortos, Covaleda, Cubo de Hogueras, Cubo de la Sierra, Cubo de la Solana, Cuéllar, Cuevas de Soria, Chavaler, Duáñez, Duruelo, Estepa de San Juan, Estepa de Tera, Espejo, Esteras de Soria, Las Fraguas, Fuentecan¬tos, Fuentelfresno, Fuentelsaz, Fuentesauco, Fuentetecha, Fuentetoba, Galline¬ro, Garray, Garrejo, Golmayo, Herreros, Hinojosa del Campo, Ituero, Izana, Ja¬ray, Langosto, Ledesmá, Lubia, Los Llamosos, Martialay, Matute de la Sierra, Mazalvete, Miranda de Duero, Molinos de Duero, Molinos de Razón, La Muedra, Narros, Navalcaballo, Nieva, Nomparedes, Ocenilla, Ojuel, Omeñaca, Ontalvilla de Valcorba, Oteruelos, Paredesroyas, Pedraza, Peroniel, Pinilla del Campo, Pi~ nilla de Caradueña, Portelrubio, Portillo, La Póveda, Pozalmuro, Quintana Redon¬da, Rabanera del Campo, Los Rábanos, Rebollar, Renieblas, Reznos, Ribarroya, Rollamienta, El Royo, La Rubia, Salduero, San Andrés de Soria, Sauquillo de Al¬cázar, Sauquillo de Boñices, Segoviela, Sepúlveda, Sotillo del Rincón, Tajahuer¬ce, Tapiela, Tardajos, Tardelcuende, Tardesillas, Tera, Toledillo, Torralba de Gó¬mara, Torrearévalo, Torrubia de Soria, Tozalmoro, Valdeavellano de Tera, Ventosa de la Sierra, Ventosilla de San Juan, Vilviestre de los Nabos, Villaciervos, Villa¬nueva de Zamajón, Villar del Ala, Villar del Campo, Villares de Soria, Villaseca de Arciel, Villaverde del Monte, Vinuesa, Zamajón y Zárabes.
b) Esta mancomunidad tiene como fines defender, custodiar y rescatar los bienes que, en copropiedad con el excelentísimo Ayuntamiento de Soria, le per¬tenecen y efectuar la correspondiente derrama de excedentes entre los pueblos que la forman. Estos bienes fundiarios son los siguientes: la mitad del monte Avieco (número 169 del CUP), de 591-92-00 hectáreas; mitad del monte Calar y Cabillos (número 327 del CUP), de 114-44-00 hectáreas; mitad del monte Los Mongitos (número de elenco SO-3.160), de 34-70-00 hectáreas; mitad del monte Matas de Lubia (núm. 171 del CUP), de 2.236-50-48 hectáreas; mitad del monte Pinar Grande (número 172 del CUP), de 11.988-94-00 hectáreas; mitad del monte Razón (número 173 del CUP), de 2.058-96-15 hectáreas; mitad del monte Rivacho (nú¬mero 174 del CUP), de 628-98-00 hectáreas; mitad del monte Robledillo (núme¬ro 175 del CUP), de 367-15-75 hectáreas; mitad del monte Roñañuela (nú¬mero 176 del CUP), de 839-88-93 hectáreas; mitad del monte Santa Inés (número 177 del CUP), de 6.564-17-49 hectáreas; mitad del monte Toranzo (nú¬mero 178 del CUP), de 1.175-36-99 hectáreas; mitad del monte Vega de Amblau¬Sobaquillo (núm. 239 del CUP), de 408-07-50 hectáreas; mitad del monte Verdu¬gal (núm. 180 del CUP), de 1.359-02-50 hectáreas; mitad del monte Modorriles y Sorianas, de 88-85-95 hectáreas y dedicado en su integridad a pastos. Además, la entidad es propietaria exclusiva de la Casa de la Tierra sita en la ciudad de Soria.
Las cuotas de reparto se determinan en función a los excedentes y en propor¬ción al número de habitantes de cada pueblo.
c) Se rige por unos estatutos aprobados por Asamblea General de la Mancomunidad el 20 de marzo de 1984, que derogan los anteriores de 28 de mayo de 1925.
d) Los vocales de la Comisión Permanente son elegidos por comarcas o sex¬mos, a razón de dos cada una (salvo la de Pinares-El Valle, que elige tres), que llevan por nombre Almarza, Gómara, Frentes, Lubia y el mencionado de Pinares¬El Valle (artículo 9 de los Estatutos).
e) Los órganos de gobierno de esta Mancomunidad lo forman, según el Títu¬lo I de sus Estatutos, el Presidente, elegido por mayoría absoluta por y entre los vocales de la Comisión Permanente, mediante sufragio libre, igual, directo y se¬creto en su sesión constitutiva: la Comisión Permanente, formada por 11 vocales distribuidos por comarcas, como ya hemos visto, y, finalmente, la Asamblea Ge¬neral, compuesta por un delegado de cada población.

2 bis. Mancomunidad de Salduero y Molinos de Duero (Soria)

Esta Mancomunidad está constituida por los municipios de Salduero y Moli¬nos de Duero, que forman parte, a su vez, de la Mancomunidad de 150 pueblos de la Tierra de Soria (vid. mapa correspondiente). Su fin exclusivo es la explota¬ción del monte Comunero, copropiedad de ambos pueblos. Se rige por normas consuetudinarias no escritas. El gobierno y administración corresponde a una Co¬misión Permanente, paritaria entre ambos municipios, presidida anual y alternati¬vamente por los señores alcaldes de Salduero y Molinos de Duero.

3. Mancomunidad del monte «Comunero de Abajo» núm. 115 del CUP de Cabrejas del Pinar y pueblos comunados (Soria)

a) Los pueblos que integran esta Mancomunidad son los siguientes: Cabre¬jas del Pinar, Abejar, Muriel de la Fuente, Muriel Viejo, Cubilla, Rioseco de Soria, Escobosa de la Calatañazor, Valdealvillo, Calatañazor, Abioncillo de Calatañazor, Aldehuela de Calatañazor, La Revilla de Catalañazor, La Borbolla, Fuentealdea, El Monasterio, Nafría la Llana, La Muela, La Cuenca, La Mallona, Nódalo, Torre¬blacos y Blacos.
b) Su objeto consiste en la explotación del citado monte, por lo cual una vez deducidos los gastos, el sobrante se distribuye entre los pueblos relacionados, de acuerdo con el número de habitantes de cada uno de ellos.
c) Se rigen exclusivamente por una costumbre tradicional inmemorial.
d) No existe división territorial interna, a no ser la de sus propios municipios. e) Como órgano de gobierno, para su dirección existe una Comisión, formada por un Presidente, que es el Alcalde del Ayuntamiento de Cabrejas del Pinar, y seis Vocales, que corresponden a los señores alcaldes de los pueblos de Abejar, Muriel de la Fuente, Muriel Viejo, Cubilla, Rioseco de Soria y La Cuenca.
3 bis. Mancomunidad del monte «Comunero de Arriba» núm. 116 del CUP de Cabrejas del Pinar y villas de Abejar, Muriel de la Fuente y Cubilla (Soria)
a) Los pueblos que integran esta mancomunidad son los indicados.
b) El objeto de la misma consiste en la explotación del citado monte, por lo cual una vez deducidos los gastos, el sobrante se distribuye entre los pueblos que la forman, de acuerdo con el número de habitantes de cada uno de ellos.

c) Esta Mancomunidad se rige por normas consuetudinarias.
d) No existe división territorial interna alguna, salvo la de sus municipios. e) Como órgano de gobierno dispone de una Comisión, formada por el Presi¬dente, que recae siempre en el señor Alcalde de Cabrejas del Pinar, y tantos Voca¬les como restantes pueblos la integran.
4. Mancomunidad de Almazán, Matamala, Tardelcuende y agregados (Soria)
a) Integran esta Mancomunidad los municipios de Almazán, Matamala de AI¬mazán y Tardelcuende, con sus respectivos agregados.
b) La finalidad que se persigue con la misma no es otra, según el artículo 2 de sus Estatutos, que la de tener, a los efectos que determina la Instrucción de 17 de octubre de 1925, referente a montes de la pertenencia de sus respectivos pueblos, un ingeniero y un ayudante de montes. No cuenta con otros bienes que un vehículo, herramientas y material de oficinas.
c) Se rige por unos estatutos aprobados por Real Decreto'de 30 de marzo de 1926.
d) No existe división territorial interna.
e) Como órgano de gobierno actúa la Junta de la Mancomunidad, formada por dos representantes de cada uno de los tres Ayuntamientos y uno por cada Junta Vecinal. En estos momentos la gestión de la Mancomunidad se extiende a los montes de utilidad pública, catalogados con los números 52, 53 y 204, per¬tenecientes al Ayuntamiento de Almazán; el número 64 del Ayuntamiento de Ma¬tamala de Almazán; el número 65 de la entidad local menor de Matute de Almazán; el número 185 del Ayuntamiento de Tardelcuende, y el número 186, correspon¬diente a la entidad local menor de Cascajosa.

5.Comunidad del Real Señorío de Molina y su Tierra (Guadalajara)

a) Su territorio está conformado por pueblos repartidos entre cuatro sexmos: en el Sexmo del Campo se encuadran los pueblos de Amayas, Labros, Hinojosa, Milmarcos, Fuentelsaz, Concha, Tartanedo, Torrubia, Rueda de la Sierra, Cillas, Anchuela del Campo, Estables, Pardos, Cubillejo de la Sierra, Cubillejo del Sitio, Campillo de Dueñas y Tortuera; el Sexmo del Sabinar lo forman los pueblos de Aragoncillo, Selas, Canales de Molina, Torremocha del Pinar, Corduente, Rillo de Gallo, Herrería, Tierzo, Taravilla, Baños de Tajo, Fuembellida, Valhermoso, Terraza, Torete, Cuevas-Labradas, Lebrancón, Castellote, Escalera, Teroleja, Va¡¬salobre, Ventosa y Cuevas-Minadas; el Sexmo de la Sierra lo integran las pobla¬ciones de Adobes, Piqueras, Alcoroches, Traid, Orea, Checa, Chequilla, Megi¬na, Tergaza, Pinilla de Molina, Motos, Peralejos de las Truchas y Alustante; finalmente, el Sexmo del Pedregal lo forman los pueblos de Anchuela, Castellar de la Muela, Setiles, Tordesilos, Tordellego, Prados-Redondos, Anquela del Pe¬dregal, Torrecuadrada de Molina, Torremochuela, El Pedregal, El Pabo de Due¬ñas, Nombrados, Morenilla, Tordelpalo, La Aldehuela, Chera, Pradilla, Otila y Novella.
La sede de la Comunidad radicará en Molina de Aragón (art. 12 de los Es¬tatutos).
b) Tiene por objeto la administración, conservación, fomento y defensa de su variado patrimonio corporativo (art. 10 de sus Estatutos).
c) Se rigen por unos estatutos aprobados en Asamblea Plenaria de 3 de agosto de 1968 y por el Ministerio de la Gobernación en 16 de diciembre del mismo año, reformados por acuerdo de la Asamblea Plenaria en sesión celebrada el día 24 de diciembre de 1973 y aprobados definitivamente por el Ministerio de la Gober¬nación con fecha 20 de febrero de 1975.
d) Para su administración interna y reparto de beneficios se divide el territorio de la Comunidad en cuatro sexmos, cuyos ancestrales límites se remontan a la Baja Edad Media. Son los Sexmos del Campo, de la Sierra, del Sabinar y del Pe¬dregal.
e) Los órganos de gobierno de la Comunidad son la Asamblea Plenaria, inte¬grada por un representante de cada pueblo designado por el Ayuntamiento o pue¬blo a quien representa; la Junta de Apoderados, compuesta por el presidente de la Comunidad, el Procurador General o administrador y los cuatro Apoderados, la Comisión de Hacienda; el Presidente, el Procurador General o administrador; los Apoderados y los representantes de los pueblos (art. 18).


6. Comunidad de Villa y Tierra de Ayllón( Segovia)

a) Los municipios que la integran se reparten entre tres provincias: Segovia, Soria y Guadalajara. Son los siguientes: Ayllón, Estebanvela, Francos, Santa María de Riaza, Valvieja, Saldaña de Ayllón, Grado del Pico, Santibáñez de Ayllón, Be¬cerril, El Muyó, El Negredo, Madriguera (Serracín), Villacorta, Alquite, Martín Mu¬ñoz, Corral de Ayllón, Languilla, Mazagatos, Ribota, Aldealázaro, Cenegro (So¬ria), Montejo de Tiermes (Soria), Cuevas de Ayllón (Soria), Ligos (Soria), Noviales (Soria), Torresuso (Soria), Liceras (Soria), Torraño (Soria), Torremocha (Soria), Cantalojas (Guadalajara), Campillo de Ranas (Guadalajara), Majalrayo (Guadala¬jara) y Villacadima (Guadalajara). La capital se encuentra en la villa de Ayllón.
b) En el pasado su objeto fue el aprovechamiento en común de algunas fin¬cas de 1.444 hectáreas, denominadas de «Tejera Negra y Renovizal», sitas en el término de Cantalojas (Guadalajara). Vendidas tales fincas en 1980, hoy en día su único patrimonio son unas cuentas bancarias cuyo destino final se está deter¬minando.
c) Se rige por normas consuetudinarias.
d) El territorio se divide para su administración en siete sexmos, que agrupan a todas las poblaciones de la misma. Estos son los de Torraño, Valdeliceras, Tran¬sierra, Saldaña, la Sierra, Mazagatos y del Río.
e) Sus órganos de gobierno son una Junta de la Comunidad, que agrupa a representantes de todos los pueblos bajo la presidencia del alcalde de Ayllón. Exis¬te, a su vez, una Comisión Gestora, compuesta por el Presidente y cinco repre¬sentantes.

7. Comunidad de Villa y Tierra de Maderuelo (Segovia)

a) La integran los municipios segovianos de Maderuelo (donde radica la capi¬talidad), Cedillo de la Torré, Campo de San Pedro, Moral de Hornuez, Riaguas de San Bartolomé, Aldealengua de Santa María, Cilleruelo de San Mamés, Fuen¬temizarra, Valdevarnes, Alconada de Maderuelo, Alconadilla y Carovias.
b) Su objeto y fines son el aprovechamiento de pastos. c) Se rige por unos Estatutos de 11 de marzo de 1904. d) Carece de división territorial interna.
e) Organo de gobierno: la Junta de la Comunidad, presidida por el alcalde de Maderuelo y compuesta por representantes de todos los pueblos de la misma.
8. Comunidad de Villa y Tierra de Fresno de Cantespino (Segovia)
al Está conformada por los municipios de Fresno de Cantespino (que tam¬bién es la capital de la misma), Cascajares, Pajares, Riahuelas, Gomeznarro, Cin¬covillas, Castiltierra, Sequera de Fresno y Aldeanueva del Monte.
b) Su objeto y fines es el disfrute y aprovechamiento en común de una serie de bienes inmuebles que le pertenecen: 3.341 obradas de monte y 25 obradas de prados.
c) Se rige por unas ordenanzas aprobadas por el rey Felipe II el 24 de octubre de 1597 y normas consuetudinarias. El reparto de cargos y beneficios se hace de acuerdo con el número de habitantes.
d) Su estructura territorial es única, sin divisiones en sexmos, ochavos o de otro tipo.
e) Una Junta de la Comunidad, compuesta por representantes de todos los pueblos y presidida por el alcalde de Fresno de Cantespino será su órgano princi¬pal de gobierno. La misma se reunirá periódicamente.

7.Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza (Segovia)


a) Los municipios que integran la Comunidad son los de Aldealengua de Pe¬draza, Arahuetes, Arcones, Arevalillo de Cega, Collado Hermoso, Cubillo, Galle¬gos, Matabuena, La Matilla, Navafría, Orejana, Pedraza, Puebla de Pedraza, Re¬bollo, Santiuste de Pedraza, Torre Va¡ de San Pedro, Valdevacas y Guijar y Villeruela de Pedraza. El antiguo municipio de La Salceda, que asimismo formó parte de la Comunidad, se halla integrado hoy en el de Torre Val de San Pedro, que percibe los dividendos correspondientes a aquél en la proporción determina¬da por los Estatutos. La capitalidad recae en la villa de Pedraza.
b) Sus fines, según el artículo 1 de los Estatutos, serán los de «administrar los bienes, acciones y derechos correspondientes a los pueblos que componen la Comunidad y preparar la división y adjudicación de los productos de esos mis¬mos bienes, acciones y derechos entre los pueblos interesados», principalmente el monte número 198 del CUP y la antigua cárcel de la villa. Se hará el reparto de cargas y beneficios en proporción al número de habitantes.
c) Las normas por las que se rige son, fundamentalmente, el Estatuto apro¬bado por Real Orden de 23 de abril de 1910 y rectificado por Orden del Ministerio de la Gobernación de 14 de diciembre de 1955, en virtud de acuerdo de la Junta General de 9 de septiembre anterior.
d) No se halla dividida la Comunidad en sexmos, por lo que todos los Ayun¬tamientos tendrán participación en el régimen y administración comunal a través de sus respectivos delegados.
e) La Comunidad se halla regida por una Junta General, una Comisión de Go¬bierno y las Comisiones Informativas de Montes, Hacienda y Presupuestos y Cuen¬tas. La Junta General se integra por un representante o delegado de cada uno de los municipios que la integran, elegido por las respectivas Corporaciones de entre los miembros que la componen. La Presidencia de la Comunidad la ostenta uno de los delegados, elegido en votación secreta. La representación de los Ayun¬tamientos en la Junta General es paritaria, decidiéndose los asuntos por mayoría simple de miembros asistentes y votantes.


10. Comunidad del Ochavo de Prádena (Segovia)

El Ochavo de Prádena es uno de los antiguos ochavos o demarcaciones terri¬toriales inferiores perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, fehacientemente documentado desde la Edad Media. A pesar de esto, su exis¬tencia como entidad autónoma es constatable desde mediados del siglo pasado. Debió ser, con toda probabilidad, esa organización y estructuración en Ocha¬vo la que terminó produciendo entre sus integrantes el efecto de considerarse lo suficientemente titulares de los bienes comunales asentados en su demarca¬ción como para poder proceder a su autónoma administración.
A ello va a coadyuvar en buena medida el nuevo régimen jurídico que desde la segunda mitad del siglo XIX posibilitaba el establecimiento y la regulación legal de entidades supramunicipales históricas con un patrimonio fundiario común.
al La integran los municipios de Prádena, Casla, Ventosilla, Tejadilla, Castro¬serna de Arriba, Castroserna de Abajo, Valleruela de Sepúlveda, Perorrubio, Santa Marta del Cerro, Los Cortos y Sigueruelo. Sus órganos de gobierno radicarán en la villa de Prádena.
b) Su objeto y fines serán la administración, explotación y fomento de los bie¬nes propiedad de la Comunidad, consistentes en un monte catalogado de utili¬dad pública denominado «El Materiego» (núm. 207 del CUP), que contiene mon¬te alto de roble, enebro y pino silvestre. Los derechos y obligaciones serán distribuidos en proporción y con arreglo al mismo número de habitantes que fi¬gura en el nomenclátor vigente.
c) Se rigen por las normas contenidas en su Reglamento de fecha 9 de febre¬ro de 1953, que sustituye a otro de 17 de mayo de 1895.
d) Por lo que a su estructura territorial respecta, se encuentra dividida en los siguientes grupos o sexmos: Prádena, Casla y Perorrubio, Sigueruelo, Valleruela de Sepúlveda y Los Cortos, y Ventosilla, Castroserna de Arriba, Castroserna de Abajo y Santa Marta.
e) Organos de gobierno: está compuesto por una Junta, integrada por cua¬tro Vocales y su Presidente, que es siempre el Alcalde de Prádena (art. 1).

11. Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña (Segovia)

a) Forman parte de ella los municipios de Fuentidueña (que es, además, la capital), Sacramenia, Pecharromán, Valtiendas, Fuentesoto, Tejares, Torreadra¬da, Castro de Fuentidueña, Cobos de Fuentidueña, San Miguel de Bernuy, Va¬lles de Fuentidueña, Fuente el Olmo de Fuentidueña, Torrecilla del Pinar, Fuente¬piñel, Fuentesauco de Fuentidueña, Cozuelos de Fuentidueña, Vegafría, Membibre, Aldeasofia, Calabazas y El Viver.
b) Su objeto y fines serán la administración, explotación y fomento de los bie¬nes propiedad de la Comunidad, consistentes en el aprovechamiento de madera, resina y pastos.
c) Fue creada en virtud de unos Estatutos de 29 de diciembre de 1920 y regu¬lado su régimen jurídico por un Reglamento de 5 de abril de 1925.
d) Los municipios que la integran se reparten entre dos Cuartos: el de Sacra¬menia y el de los Valles (arts. 2 y 3 de su Reglamento).
e) Como órganos de gobierno y organización tendrá un Presidente, elegido entre los delegados, alternativamente, de cada uno de los Cuartos; una Junta de Delegados, con representantes de todos los pueblos, y una Comisión Permanente, formada por el Presidente y dos Depositarios, cada uno de un Cuarto, ya que llevarán el gobierno directo de la misma.

12. Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda (Segovia)

a) La conforman los municipios de Sepúlveda (donde radica su administra¬ción), Aldealcorbo, Aldeonsancho, Aldeonte, Barbolla, Bercimuel, Boceguillas, Cabezuela, Cantalejo, Carrasca¡ del Río, Casla, Castillejo de Mesleón, Castrillo de Sepúlveda, Castrogimeno, Castroserna de Abajo, Castroserna de Arriba, Cas¬troserracín, Cerezo de Abajo, Cerezo de Arriba, Condado de Castilnovo, Duratón, Duruelo, Encinas, Fresno de la Fuente, Fuenterrebollo, Grajera, Hinojosas del Ce¬rro, Navalilla, Navares de Ayuso, Navares de Enmedio, Navares de las Cuevas, Pajarejos, Perorrubio, Prádene, San Pedro de Gaíllos, Santa Marta del Cerro, Santo Tomé del Puerto, Sebúlcor, Siguero, Sigueruelo, Sotillo, Tarrubuelo, Urueñas, Valdesimonte, Valle de Tabladillo, Valleruela de Sepúlveda, Ventosilla y Tejadi¬Ila, Villar de Sobrepeña, Villaseca y Ciruelos, agregado del Ayuntamiento de Pra¬dales, que corresponde al partido de Riaza.
b) Según el artículo 4 de su Reglamento, esta Comunidad está constituida a los efectos de administrar los bienes que son propiedad de la misma y que constan en un inventario general, lo mismo las inscripciones que posee, fincas y demás bienes muebles, que cuantos derechos puedan serle reconocidos.
Todos los bienes de la Comunidad pertenecen a los pueblos citados, propor¬cionalmente al número de habitantes.
c) Su régimen interior de gobierno está recogido en su Reglamento de 23 de febrero de 1954.
d) Para su gobierno interno, su territorio se va a dividir en seis ochavos: el de Sepúlveda, el de Cantalejo, el de Prádena, el de Sierra y Castillejo, el de Berci¬muel y, finalmente, el de Pedrizas y Valdenavares (art. 3 del Reglamento).
e) Para el gobierno y administración de la Comunidad habrá una Comisión Permanente, compuesta por seis Vocales u Ochaveros y el Presidente, y una Asam¬blea de Representantes, integrada por un vocal designado por cada Ayuntamien¬to. El Presidente lo es siempre el Alcalde de Sepúlveda.


13. Mancomunidad de Adrada de Pirón (Segovia)

Es ésta una atípica Mancomunidad histórica cuyos fines estatutarios se cir¬cunscriben únicamente al aprovechamiento de aguas. Los municipios que la in¬tegran -Santo Domingo de Pirón, Basardilla, Espirdo, La Higuera, Brieva, Adra¬da de Pirón y Torrecaballeros- forman parte todos ellos del Sexmo de San Lorenzo, de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, lo cual no ha sido óbice para que desde tiempo inmemorial hayan desarrollado una singular mancomuni¬dad acuífera. La administración de la misma radica en la población de Torrecaba¬Ileros.

14. Comunidad de Villa y Tierra Antigua de Cuéllar (Segovia)

a) Constituyen la presente Comunidad un total de 36 municipios más la capi¬tal, Cuéllar, de los que 29 pertenecen a la provincia de Segovia y ocho a la de Valladolid: Cuéllar, Mata de Cuéllar, Vallelado, Chañe, Fresneda de Cuéllar, Na¬rros de Cuéllar, Samboal, Arroyo de Cuéllar, Navalmanzano, Sanchonuño, Pina¬rejos, Zarzuela del Pinar, San Martín y Mudrián, Navas de Oro, Gomezserracín, Chatún, Campo de Cuéllar, Hontalbilla, Dehesa y Dehesa Mayor, Frumales, Pe¬rosillo, Lastras de Cuéllar, Adrados, Olombrada, Moraleja de Cuéllar, Fuentes de Cuéllar, Lovingos y San Cristóbal de Cuéllar (todos ellos de la provincia de Sego¬via), y los de Santibáñez de Valcorba, Campaspero, Bahabón, Torrescárcela y Aldealbar, Cogeces del Monte, Montemayor de Pililla, Viloria del Henar y San Miguel del Arroyo y agregado (de la provincia de Valladolid).
b) La comunidad cuellarana tiene como fines generales la administración, ges¬tión y distribución de sus beneficios y como fines específicos, según el artícu¬lo 4 de su Reglamento, el establecimiento y creación de servicios para el fomento de los intereses materiales y morales de la Comunidad: vigilancia y guardería, ad¬ministración, cuidado y conservación de sus fincas, bienes y derechos, etcétera.
Los beneficios que se obtengan de dichos bienes deberán repartirse, una vez deducidos los gastos, entre los Ayuntamientos de los pueblos a ella pertenecien¬tes y en proporción a sus habitantes, salvo el Sexmo de Cuéllar, formado por la villa de Cuéllar, que se le reconoce el derecho de percibir la quinta parte de los beneficios a distribuir (art. 4-F).
c) Su reglamento gubernativo es de 9 de marzo de 1954, que sustituye a otro anterior de 1895.
d) A efectos de administración territorial se dividirá el espacio cuellarano en seis sexmos, del mismo modo a como se había hecho tradicionalmente, y que serán el Sexmo de Cuéllar, el de Mata de Cuéllar, el de Navalmanzano, el de Hon¬talbilla, el de Valcorba y, finalmente, el de Montemayor.
e) Sus órganos rectores serán la Junta General de Procuradores, órgano su¬premo de la Comunidad, compuesta por un procurador por cada uno de los pue¬blos que integran la misma, y que debe ser concejal del Ayuntamiento que lo eli¬ge; la Comisión Sexmera, compuesta por un procurador por cada sexmo, elegido por votación nominal entre los componentes del mismo sexmo en junta general, y, finalmente, el Presidente, que será siempre el Alcalde de Cuéllar.

15. Comunidad de San Benito de Gallegos (Segovia)

a) Esta Comunidad está integrada por un total de ocho poblaciones, pertene¬cientes a su vez a la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar: Chañe, Campo de Cuéllar, Pinarejos, Narros de Cuéllar, Gomezserracín, San Martín y Mudrián, Arro¬yo de Cuéllar y Chatún. La presidencia, según el artículo 4 de su Reglamento, es rotatoria entre todos los pueblos que la forman.
b) Tiene como fin esta agrupación la explotación y conservación de diversos bienes fundiarios e inmuebles: un monte alto de pino negra¡ (núm. 18 CUP) de¬nominado de San Benito de Gallegos, de 236 hectáreas; una lámina de intereses de inscripciones de propios intransferible, el número 294, y una ermita construida en 1952 en el monte de San Benito destinada al culto de San Benito, patrón de la Comunidad. La participación en los bienes, derechos, acciones, dividendos, etcétera, deberá efectuarse por partes iguales entre todos los pueblos que la for¬man (art. 2).
c) Cuenta con un Reglamento aprobado el 9 de julio de 1955. d) No existe división territorial interna alguna.
e) Se gobierna mediante una Junta General, con un representante de cada municipio; un Presidente, de elección rotatoria entre todos los pueblos, y una Co¬misión Sexmera.


16. Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia (Segovia)

a) Componen actualmente la Comunidad 132 municipios pertenecientes a las provincias de Segovia, Madrid y Avila: El Espinar, Peguerinos (Avila), Cobos de Segovia, Guijasalvas, Ituero, Labajos, Lastras del Pozo, Maello (Avila), Monte¬rrubio, Muñopedro, Navas de San Antonio, Otero de Herreros, Vegas de Matu¬te, Villacastín, Zarzuela del Monte, Abades, Anaya, Fuentemilanos, Garcillán, Jua¬rros de Riomoros, La Losa, Madrona, Martín Miguel, Navas de Riofrío, Hontoria, Ortigosa del Monte, Palazuelos, Revenga, Torredondo, Valdeprados, Valverde del Majano, Bercial, Etreros, Hoyuelos, Juarros de Voltoya, Laguna-Rodrigo, Ma¬razoleja, Marazuela, Marugán, Melque, Ochando, Paradinas, Sangarcía, Santo¬venia, Villoslada, Jemenuño, Añe, Aragoneses, Armuña, Balisa, Bernardos, Car¬bonero de Ahusín, Los Huertos, Migueláñez, Miguel Ibáñez, Nieva, Ontanares, Ortigosa de Pestaño, Pascuales, Pinilla Ambroz, Tabladillo, Yanguas, Aldea del Rey, Bernuy de Porreros, Cantimpalos, Cabañas, Carbonero el Mayor, Encinillas, Escalona, Escarabajosa de Cabezas, Mata de Quintanar, Mozoncillo, Otones, Pa¬rral de Villovela, Pinarnegrillo, Pinillos de Polendos, Escobar de Polendos, Roda, Sauquillo, Tabanera de Luenga, Valseca, Villovela, Adrada de Pirón, Agejas, Ba¬sardilla, Brieva, Espirdo, La Higuera, Losana, Peñasrubias, Santo Domingo de Pirón, Sonsoto, Tabanera del Monte, Tenzuela, Tizneros, Torrecaballeros-Caba¬nillas, Torreiglesias, Trescasas, Aldeavieja (Avila), Blascoeles (Avila), Aldehuela del Codonal, Domingo García, La Cuesta, Martín Muñoz de las Posadas, Muño¬veros, Pelayos, Sotosalvos, Turégano, Peralejos (Madrid), Aldea del Fresno (Ma¬drid), Chapinería (Madrid), Escorial de Abajo (Madrid), Colmenar del Arroyo (Ma¬drid), Fresnedilla (Madrid), Navalcarnero (Madrid), Navalagamella (Madrid), Perales de Milla (Madrid), Robledo de Chavela (Madrid), Santa María de la Alameda (Ma¬drid), Sevilla la Nueva (Madrid), Valdemorillo (Madrid), Villamantilla (Madrid), Vi¬llanueva de la Cañada (Madrid), Zarzalejo (Madrid), Bustarviejo (Madrid), Canen¬cia (Madrid), El Oteruelo (Madrid), La Alameda (Madrid), Lozoya (Madrid), Nava de la Fuente (Madrid), Pinilla (Madrid) y Rascafría (Madrid).La capitalidad de la misma la ostenta la ciudad de Segovia, ejerciendo su al¬calde el cargo de Presidente.
b) La denominada por su Reglamento «Junta de investigación y administra¬ción de los bienes de la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia» tiene por objeto la administración e investigación de los bienes, derechos y acciones co¬rrespondientes a la misma y preparar la división de los referidos bienes, derechos y acciones entre los pueblos interesados (art. 1 del Reglamento).
c) Se encuentran actualmente en vigor su Reglamento de 10 de diciembre de 1918.
d) Territorialmente se divide para su gobierno y administración en 10 sexmos de honda tradición histórica: Posaderas, Cabezas, San Millán, Lozoya, San Lo¬renzo, La Trinidad, Casarrubios, El Espinar, Santa Eulalia y San Martín.
el Sus órganos fundamentales de gobierno serán: la Junta de Sexmeros, com¬puesta por un sexmero de cada sexmo segoviano y presidida por el Presidente de la Comunidad, que no es otro que el Alcalde de Segovia; una Comisión Per¬manente nombrada por la Junta y un Presidente.

17. Comunidad de Migueláñez, Domingo García y Ortigosa de Pestaño (Segovia)

a) Esta Comunidad está integrada por los municipios que le dan nombre, los cuales, a su vez, forman parte de las Comunidades de Villa y Tierra de Cuéllar y Segovia. La presidencia de la misma radicará alternativamente cada año en Do¬mingo García o en Migueláñez.
b) El objetivo y los fines de la presente Comunidad serán la administración del monte número 110 del CLIP, del que es propietaria.
Los repartos de beneficios se efectuarán de tal forma que dos quintas partes sean para Migueláñez y Domingo García y una quinta parte para Ortigosa de Pestaño.
c) Se rige por una ejecutoria obrante en la Comunidad que data del año 1938, así como por los Estatutos de 22 de septiembre de 1954, aprobados por el Minis¬terio de la Gobernación con fecha 1 de julio de 1955.
d) No existe división territorial interna alguna.
e) Organos de gobierno lo,forman el alcalde correspondiente, o de Miguelá¬ñez o de Domingo García, más todos los concejales de los tres Ayuntamientos comuneros (art. 4 del Estatuto). De seno de esta Junta Administrativa se elegirá una Comisión Ejecutiva compuesta de dos concejales de cada pueblo, al que se le unirá como Presidente el alcalde que ejerce a su vez de Presidente de la Junta Administradora (art. 5 del Estatuto).

18. Comunidad de Villa y Tierra de Portillo (Valladolid)

a) Integran dicha Comunidad, según sentencia del Tribunal Supremo de 27 de noviembre de 1923, los municipios de Aldea de San Miguel, Aldeamayor de San Martín, Camporredondo, La Parrilla, La Pedraja de Portillo y Portillo. La villa de Portillo será la sede de la Comunidad y su Alcalde el Presidente de la misma.
b) Sus fines van encaminados a la administración, explotación, industrializa¬ción y comercialización de los productos de su patrimonio, constituido por cinco montes pinariegos -el Bosque, Hoyos, Llanillos-Parrilla, Marinas de Abajo y Ma¬rinas de Arriba- catalogados entre los de utilidad pública de la provincia de Va¬lladolid, con los números 48, 49, 40, 20 y 21, que suman en conjunto 3.044 hectá¬reas con 59 Cas., y cuyos productos serán distribuidos anualmente entre los seis pueblos comuneros, a razón de un 60 por 100 para la villa de Portillo y un 40 por 100 para los restantes, a partes iguales.
c) Su régimen jurídico se encuentra tanto en la sentencia del Tribunal Supre¬mo de 27 de noviembre de 1923 como en el Reglamento que para su gobierno fue aprobado el 29 de febrero de 1960.
d) No existe ninguna división territorial interior.
e) Los órganos para su gobierno y administración serán: la Junta Plenaria de la Comunidad, constituida por diez vocales (cinco del Ayuntamiento de Portillo y cinco por los restantes pueblos); el Presidente de la Junta Plenaria, que lo será siempre el alcalde de Portillo; las Ccmisiones de orden vario que aquélla o éste designen para efectuar cometidos especiales.

19. Comunidad de Villa y Tierra de Iscar (Valladolid)

a) La antigua Comunidad de Villa y Tierra de Iscar comprende los municipios de Iscar, Pedrajas de San Esteban, Megeces y Cogeces de Iscar, en la provincia de Valladolid, y los de Villaverde de Iscar, Remondo y Fuente el Olmos de Iscar, en la de Segovia. Su capitalidad reside en el Ayuntamiento de Iscar y en ella radi¬can sus órganos de gobierno y administración.
b) Sus fines van orientados a la administración y explotación de los montes de utilidad pública denominados Aldeanueva, Santibáñez y Villanueva, de 554, 637 y 839 hectáreas, respectivamente, y pertenecientes a su patrimonio. El repar¬to de dividendos se ajustará al número de habitantes de cada uno de los pueblos comuneros que la integran (art. 6 del Reglamento).
c) Su actual Reglamento orgánico fue aprobado por la Junta Plenaria de re¬presentantes de la Comunidad de Villa y Tierra en sesión extraordinaria celebrada por la misma en 22 de marzo de 1972.
d) No existe división territorial interior.
e) Son órganos rectores de esta Comunidad, el Presidente (siempre el Alcal¬de de Iscar); los Representantes Comuneros, que deberán ser uno por cada pobla¬ción, y la Junta Plenaria de Representantes Comuneros, integrada por los siete representantes comuneros.

20. Comunidad de Villa y Tierra de Coca (Segovia)

a) Integran esta Comunidad los municipios de Bernuy de Coca, Nava de la Asunción, Navas de Oro, Santiuste de San Juan Bautista, Fuente de Santa Cruz, Villeguillo, Ciruelos de Coca, Villagonzalo de Coca, Moraleja de Coca y la villa de Coca, que ostenta su capitalidad.
b) Tiene como fines generales la administración, conservación, explotación, incremento y defensa de su patrimonio, y de forma subsidiaria la cooperación al cumplimiento de los fines de los municipios que la integran.
Los bienes que explota y posee en concepto de bienes de propios son los si¬guientes: monte número 104 del CUP, denominado «El Cantosal», con una cabi¬da de 730 hectáreas; el monte número 105 del CUP, denominado «Pinar Viejo», con una cabida de 5.486 hectáreas, y el monte número 114 del CUP, denomina¬do «Común de Arriba», con una superficie de 960 hectáreas.
Las cuotas de reparto y participación económica se efectúa cuando existen excedentes económicos, teniendo en cuenta el número de habitantes de cada entidad comunera.
c) La Comunidad de Villa y Tierra de Coca carece de Estatutos o Reglamen¬tos aprobados, rigiéndose por sus normas consuetudinarias o tradicionales, aun¬que su régimen económico en cuanto a la formación de presupuestos, rendición de cuentas, liquidaciones, inventario y balances se somete a lo prescrito en la normativa de régimen local vigente.
d) En cuanto a su estructura territorial, está dividida e integrada por las enti¬dades locales antes mencionadas únicamente.
e) Como órganos de gobierno figuran el Ayuntamiento General, compuesto por el Presidente, los concejales del Ayuntamiento de la villa de Coca y por tres representantes de los demás pueblos comuneros; y el Presidente, que será siem¬pre el Alcalde de Coca.

21. Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Avila (Avila)

al Está formado este Asocio por 125 Ayuntamientos más los nueve que figu¬ran incorporados o fusionados a los mismos, de los que tres pertenecen a la pro¬vincia de Salamanca, uno a la de Madrid y los restantes a la de Avila. Son los siguientes:
Excelentísimo Ayuntamiento de Avila, y sus incorporados, Alamedilla del Be¬rrocal, Aldea del Rey Niño, Narrillos de San Leonardo, Bernuy Salinero, Urraca Miguel y Vicolozano; Borgohondo, Colilla (La), Fresno (El), Gemuño, Hija de Dios, Hoyocasero, Mironcillo, Muñana, Muñogalindo, Muñopepe, Narros del Puerto, Navalacruz, Navalmoral, Navalosa, Navaquesera, Navarredondilla, Navarrevisca, Navatalgordo, Niharra, Padiernos (y su incorporado Muñochas), Riofrío, Salo¬bral, Santa María del Arroyo, Serrada (La), Solosancho, Sotalvo, Tornadizos de Avila, Torre (La) (con sus fusionados Balbarda y Blacha), Aldealabad del Mirón [lugar de Mirón (El)], Arevalillo, Armenteros (Salamanca),Aveinte, Blascomillán, Bravos, Bularros, Cabezas del Villar, Cardeñosa, Casasola, Cillán Chamartín, Diego del Carpio (antes Diego Alvaro), Gallegos de Altamiros, Gallegos de Sobrinos, Grandes y San Martín, Herreros de Suso, Hurtumpascual, Mancera de Arriba, Manjabálago, Marlín, Martiherrero, Martínez, Mirueña, Monsalupe, Muñico, Mu¬ñogrande, Narrillos del Alamo, Narrillos del Rebollar, Parral (El), Sanchorreja, San García de Ingelmos, San Juan de la Encinilla, San Juan del Olmo (antes Grajos), San Pedro del Arroyo, Santo Tomé de Zabarcos, Sigeres, Solana de Rioalmar, Valdecasa, Villaflor, Vita, Zapardiel de la Cañada, Adanero, Albornos, Berlanas, Bernuy de Zapardiel, Berrocalejo de Aragona, Blascosancho, Bóveda del Río Almar (Salamanca), Cabizuela, Cantaracillo (Salamanca), Cantiveros, Cisla, Coila¬do de Contreras, Crespos, Flores de Avila, Fontiveros, Fuente el Sauz, Gimial¬cón, Gotarrendura, Hernansancho, Jaraíces (lugar de Constanzana), Voltoya, Mingorría, Muñomer del Peco, Muñosancho, Narros de Saldueña, OjosAlbos, Oso (E), Pajares de Adaja, Papatrigo, Peñalba de Avila, Pozanco, Rioca¬hado, Rivilla de Barajas, Salvadiós, Sanchidrián, San Esteban de los Patos, Pascual, Santo Domingo de las Posadas, Tolbaños, Vega de Santa María, Vela¬yos, Viñegra de Moraña, Barraco (El), Cebreros, Herradón de Pinares, Hoyo dePinares, Navalperal de Pinares, Navaluenga, Pelayos de la Presa (Madrid), San Bartolomé de Pinares, San Juan de la Nava, San Juan del Molinillo, Santa Cruzde Pinares y Tiemblo (El).
La residencia oficial de la Mancomunidad es la ciudad de Avila, como capitalidad de la misma¬.
b) Su objeto y fines serán la administración, explotación y utilización de to¬dos aquellos bienes, derechos, acciones y explotaciones industriales que integran su patrimonio, su conservación, investigación y reivindicación de cualesquiera otros que pudieran pertenecerla.
Su patrimonio está formado, entre otros bienes, por las siguientes propieda¬des fundiarias: el monte número 38 del CUP, denominado «Despoblado de San Bartolomé de Mañas»; el monte número 47 del CUP, denominado «Sierra de Ava¬la»; el monte número 60 del CUP, llamado «Valle de Iruelas»; el monte número 73 del CUP, denominado «Quintanar o San Pedro del Gelipar». También goza de mancomunidad de pastos, por mitad, con el Ayuntamiento de Hoyo de Pina¬res en los montes números 70, 71, 74 y 75 del CUP, y con el Ayuntamiento de San Bartolomé de Pinares en el monte número 84 del CUP, así como de dos cen¬sos, uno que grava el Prado de San Juan de la Torre, en Bernuy Zapardiel, y otro que grava sobre el molino titulado de «Navalpino», en Sotalbo. En el repar¬to de beneficios corresponderán a la ciudad de Avila un quinto, repartiéndose las restantes cuatro quintas partes entre las poblaciones mancomunadas restantes (artículo 4).
c) Su Reglamento fue aprobado por la Asamblea General de la Mancomuni¬dad en sesión celebrada el 24 de febrero de 1951 y por el Consejo de Ministros en 21 de diciembre de 1951. Posteriormente se realizó una sustanciosa reforma el 12 de diciembre de 1980 ratificada en la Asamblea General de la Mancomunidad el 11 de diciembre de 1981
d) A efectos administrativos, los 125 Ayuntamientos se reparten en cinco gru¬pos o lotes (art. 3 del Reglamento).
e) La suprema autoridad de la Mancomunidad reside en la Asamblea General de los representantes de todos los Ayuntamientos y Entidades locales Menores quye la integran, presidida por el Presidente, a la que cada población envía un representante; la Junta de Administración, compuesta de 10 Vocales elegidos por la Asamblea General, a razón de dos por cada uno de los cinco grupos o lotes territoriales; el Consejo de Gerencia, que surgirá del seno de esta última, y, final¬mente, el Presidente de la Mancomunidad.

22. Mancomunidad del Asocio de Villa y Tierra de Piedrahíta (Avila)

a) El Asocio de Villa y Tierra de Piedrahíta está formado por los pueblos de Piedrahíta, Aldehuela, Aveilaneda, Garganta del Villar, La Herguijuela, Horcajo de la Ribera, Hoyorredondo, Hoyos del Collado, Hoyos del Espino, Hoyos de Mi¬guel Muñoz, Navacepeda de Tormes, Navadijos, Navaescurial, Navalperal de Tor¬mes, Navarredonda de la Sierra, San Bartolomé de Tormes, San Martín de la Vega, San Martín del Pimpollar, San Miguel de Corneja, Santiago del Collado y Zapar¬diel de la Ribera. Los órganos de gobierno residirán en la villa de Piedrahíta, que ejerce de esta forma funciones capitalinas.
b) El Asocio, según el artículo 1 de su Reglamento, tiene por objeto la repre¬sentación legal de la mancomunidad municipal, así como la administración, reor¬ganización e investigación de todos sus bienes, derechos y acciones.
c) Su actual Reglamento fue aprobado por la Asamblea General de la Man¬comunidad con fecha 10 de julio de 1943 y ratificado por el Ministerio de la Go¬bernación con fecha 17 de febrero de 1954.
d) Carece de subdivisiones territoriales internas.
e) La suprema autoridad de la Mancomunidad la ostenta la Asamblea Gene¬ral de los representantes de los pueblos que integran la misma. La representación legal de la misma corresponde a una Junta Administrativa, que se compondrá de un Presidente y cuatro Vocales elegidos por las representaciones que los pue¬blos designen (art. 2 del Reglamento).

NOTAS


1 V. de la Fuente: «Las Comunidades de Castilla y Aragón bajo el punto de vista geográfico», en Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid, VIII (1880), pp. 193-216; C. de Lecea y García: La Comunidad y Tierra de Segovia. Estudio histórico-legal acerca de su origen, extensión, propiedades, derechos y estado presente, Segovia, 1893; F. Soler y Pérez: Los comunes de villa y tierra, y especial¬mente el del Señorío de Molina de Aragón. Otras instituciones de derecho consuetudinario y econo¬mía popular de la misma comarca, Madrid, 1921; L. Carretero Nieva: Las comunidades castellanas en la historia y su estado actual, Segovia, 1922.
2 J. González González: «La Extremadura castellana al mediar el siglo XIII», en Hispania, 127 (1974), pp. 265-424; J. Gautier Dalché: Historia urbana de León y Castilla en la Edad Media (siglos IX-X110, Madrid, 1979; A. Represa Rodríguez: «Las Comunidades de Villa y Tierra castellanas: So¬ria», en Celtibería, 57 (1979), pp. 7-17; J. M. Mangas Navas: El régimen comunal agrario de los con¬cejos de Castilla, Madrid, 1981; C. Astarita: «Estudio sobre el concejo medieval de la Extremadura castellano-leonesa: una propuesta para resolver la problemática», Hispanía, 151 (1982), pp. 355-413; G. Martínez Díaz, Las Comunidades e Villa y Tierra de la Extremadura castellana, Madrid, 1983;¬A. Represa: «Comunidades (o Universidades) de Villa y Tierra, concejos abiertos y otras asociaciones populares», en El Pendón Real de Castilla y otras consideraciones sobre el reino, Valladolid, 1983, pp. 86-124; A. Barrios García: Estructuras agrarias y de poder en Castilla. El ejemplo de Avila (1085-1320), Avila, 1983-1984; y L. M. Villar García: La Extremadura castellano-leonesa. Guerreros, clérigos y cam¬pesinos (711-1252), Valladolid, 1986.
3 F. J. Martínez Llorente: «Derecho, poder político y jurisdicción concejil en la Extremadura cas¬tellana de la Edad Media: las Comunidades de Villa y Tierra (siglos X-XIV)», tesis doctoral inédita, Valladolid, 1988.
4 G. Martínez: Las Comunidades de Villa y Tierra..., op. cit.
5 F. J. Martínez: Derecho, poder político... en la Extremadura, op. cit., y C. de Luis López: La Comunidad de Villa y Tierra de Piedrahíta en el tránsito de la Edad Media a la Moderna, Avila, 1987.
6 El texto de la Real Orden es el siguiente: «Real Orden de 31 de mayo de 1837, suprimiendo las Juntas ó Ayuntamientos Generales de Universidades de Tierra: En 8 de noviembre último se comu¬nicó por este Ministerio al Jefe político de Soria la Real Orden que sigue.-He dado cuenta á S.M. la Reina Gobernadora del expediente instruido á consecuencia de las exposiciones hechas por Calixto Fernández y Luis Valero, en representación de la Universidad de la Tierra de San Pedro Manrique y por los Alcaldes de los pueblos de la jurisdicción de Caracena, en solicitud de que se suprima la Junta encargada del gobierno municipal de aquélla, y que sus individuos y los del Ayuntamiento ge¬neral de ella cesen en el ejercicio de sus funciones.-Enterada S.M. igualmente de otro expediente formado á instancia de don Juan Antonio Pinilla y Francisco Diez, representantes de cuatro de los cinco sexmos de que se compone la Universidad de la Tierra de Soria, solicitando la cesación de los individuos que actualmente forman la Junta de gobierno, y que la elección de ésta se verifique con arregló á la real provisión expedida en 23 de junio de 1802, quedando sin efecto el reglamento aproba¬do en 16 de junio de 1834; conformándose Su Majestad con lo que expuso el suprimido Consejo Real de España é Indias, teniendo presente que, restablecida en vigor la Ley de Cortes de 3 de febrero de 1823, corresponde que se formen Ayuntamientos en los pueblos que deban tenerlos con arreglo á dicha ley y á la Constitución política de la monarquía; y considerando, por tanto, innecesarias y gravosas la existencia, no sólo de las citadas Universidades y Ayuntamientos generales de San Pedro Manrique, Caracena y otros, sino también la de la Junta ó Universidad de los 150 pueblos de la tierra, cuyas atribuciones deben hoy confiarse á los Ayuntamientos y Diputaciones provinciales, se ha servi¬do S.M. resolver:
1.° Que se supriman las Juntas ó Ayuntamientos generales de Universidades de tierra de San Pedro Manrique, Caracena y cualquier otra de esta clase que se halle establecida en esa provincia. 2.° Que con arreglo á las órdenes vigentes se enajenen sus propios, para redimir los censos que sobre sí tienen, emplear el resto en beneficio de los pueblos, y el repartimiento entre los mismos y con igual destino de las existencias de sus Pósitos.
3.° Que V.S. cuide de que se ejecute esta disposición y también de que para la formación de los nuevos Ayuntamientos en los pueblos en que deba haberlos según la ley vigente, se proceda con acuerdo de la Diputación provincial y con sujeción a la misma ley.
4.° Que igualmente se suprima la Junta de la Universidad general de los 150 pueblos de la tierra, recogiéndose sus papeles y documentos en el archivo de esa Jefatura política.
Y, finalmente, que V. S., oyendo á la Diputación provincial, informe, si entre las atribuciones que tenía la citada Junta hay alguna cuyo desempeño no pueda completamente caber en el de las ordina¬rias funciones que á los Ayuntamientos y sus localidades y á las Diputaciones provinciales en sus casos están designadas en la Constitución política de la Monarquía y demás leyes vigentes.
Y habiéndose servido S.M. mandar que dicha resolución sirva de regla general para los casos de igual naturaleza.
Lo digo á V.S. de Real Orden para los efectos consiguientes. Madrid, 31 de mayo de 1837.-Pita.»

7 Art. 309. «Para el gobierno interior de los pueblos habrá Ayuntamientos, compuestos de alcal¬de 6 alcaldes, los regidores y el procurador síndico, y presididos por el jefe político donde lo hubiere, y en su defecto, por el alcalde 6 el primer nombrado entre éstos, si hubiere dos.»
Art. 310. «Se pondrá Ayuntamiento en los pueblos que no lo tengan y en que convenga lo haya, no pudiendo dejar de hacerlo en los que por sí ó con su comarca lleguen á 1.000 almas, y también se les señalará término correspondiente.»
8 Son los artículos 311 a 323 del texto constitucional gaditano.
9 A. Posada: Evolución legislativa del régimen local en España (1812-1909), Madrid, 1910, p. 33, y J. M. Mangas Navas: La propiedad de la tierra en España: los patrimonios públicos. Herencia con¬temporánea de un reformismo inconcluso, Madrid, 1984, pp. 75-76.
'° VIII. «En los montes y plantíos del común estará á cargo del Ayuntamiento la vigilancia y cui¬dado que prescribe la Constitución, procurando con todo esmero la conservación y repoblación de ellos con la más exacta observancia de los reglamentos que rigen en la materia en todo aquello que no esté derogado ó modificado por leyes posteriores.»
IX. «También estarán al cuidado de cada Ayuntamiento los pósitos, entendiéndose en estos pun¬tos con el jefe político de la provincia, y observando las leyes 6 instrucciones que rijan en la materia... .............. XI..
Estará á cargo de cada Ayuntamiento la administración é inversión. de. los. caudales de. propios y arbitrios, conforme á las leyes y reglamentos existentes ó que en adelante existieren, nombrando un t5eposi~atio en %a fOTM-a que pcevieM la Co~stitucián...~t
XIII. «Acerca del repartimiento y recaudación de las contribuciones que correspondan á cada pueblo, observará el Ayuntamiento lo que se previene en el Constitución y en las leyes ó instituciones que existan ó en adelante existieren.»
......................................... XV. «En la ejecución delo que sobre el fomento de la agricultura,. la. industria .y el. comercio pre¬viene la Constitución, cuidará muy particularmente el Ayuntamiento estos importantes objetos, re¬moviendo todos los obstáculos y trabas que se opongan a su mejora y progreso.»
(Cfr. J. M. Mangas: La propiedad de la tierra..., op. cit., pp. 76-77.) La mencionanda Institución será ampliada por otra de fecha 3 de febrero de 1823 de igual título.

11 A. Posada: Evolución legislativa..., op. cit., pp. 80-81; J. M. Mangas: La propiedad de la tie¬rra..., op. cit., pp. 78-79.
12 Real Decreto de 15 de octubre de 1836. Cfr. J. M. Mangas: La propiedad de la tierra..., op. cit., p. 83.
13 Vid. nota 2 del presente.
14 C. de Lecea y García: La Comunidad y Tierra de Segovia, op. cit., pp. 138-155; A. Nieto: Bie¬nes comunales, Madrid, 1964, pp. 324-325; G. Guerra-Librero y Arroyo: «Pedraza y su Comunidad de Villa y Tierra», en Revista de Estudios de la Vida Local, 141 (1965), pp. 347-376; R. Martín Mateo: La comarcalización de los pequeños municipios, Madrid, 1964, pp. 41-44; I. García de Andrés: «Las Comunidades de Villa y Tierra en Soria. Formación, rasgos esenciales y extinción», en Celtiberia, 65 (1983), pp. 5-35; y J. Molinero: Asocio de la Extinguida Universidad y Tierra de Avila, op. cit., p. 38.
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15 J. M. Mangas: La propiedad de la tierra..., op. cit., pp. 86-88. En Avila, de 1837 a 1848, el Ayuntamiento de la capital, junto con un representante de cada pueblo, se ocupa de los intereses del Asocio. A partir de esta última fecha, por orden del Gobierno político se suprime la representación de la Unviersidad y tierra, encargando de la administración sólo al Ayuntamiento abulense (Molinero: Asocio de la Extinguida Universidad..., op. cit., pp. 38-391. La corporación municipal de la villa de El Barco de Avila, en esta línea igualmente adoptará el acuerdo de poner en venta la Alhóndiga de Villa y Tierra para, con lo obtenido, proceder a la creación de un banco agrícola (N. de la Fuente Arrimadas: Fisiografia e historia de El Barco de Avila, Avila, 1925, I, p. 154.
16 H. Serrano Viteri: La Cuadrilla de Nuestra Señora de Neguillán. Noticia histórica de la Comu¬nidad de Villa y Tierra de Coca, Coca, 1910, pp. 243-247.
17 El texto de la misma fue publicado por C. Lecea: La Comunidad y Tierra de Segovia, op. cit., pp. 145-147.
18 Ibídem, pp. 146-147.
19 Ibídem, pp. 145-147.
20 «Art. 75: Los Ayuntamientos pueden formar, entre si y con los inmediatos, asociaciones y co¬munidades para la construcción y conservación de caminos, guardería rural, aprovechamientos veci¬nales y otros objetos de su exclusivo interés. Estas Comunidades se regirán por una Junta compuesta por un delegado por cada Ayuntamiento, presidida por el vocal que la Junta elija.»
21 La Ley Municipal de 2 de octubre de 1877, después de reproducir en su artículo 80 el 75 de la ley anterior, pasará a regularlas de modo específico en el artículo 81, cuyo tenor es el siguiente: «El Gobierno de S.M. cuidará de fomentar y proteger por medio de sus delegados las asociaciones y comunidades de Ayuntamientos para fines de aprovechamientos vecinales... sin perjuicio de los derechos adquiridos hasta hoy. Estas comunidades serán siempre voluntarias y estarán regidas por Juntas de delegados de los Ayuntamientos, que celebrarán alternativamente sus reuniones en las res¬pectivas cabezas de los distritos municipales asociados.
Cuando se produzcan reclamaciones sobre la manera como actualmente son administradas las antiguas comunidades de tierra, el Gobierno, oyendo el Consejo de Estado, podrá someter dichas comunidades a lo dispuesto en el artículo anterior, salvas las cuestiones relativas a los derechos de propiedad hasta hoy adquiridos, que quedarán reservados a los Tribunales de Justicia». Vid. al respecto, A. Nieto: Bienes comunales..., op. cit., p. 333, y J. M. Mangas: La propiedad de la tierra..., op. cit., pp. 119-120.
Frente a esta posición legal se alza la opinión de la jurisprudencia del Tribunal Supremo, quien reiteradas veces ha establecido el criterio de la inexistencia legal de las mismas en sentencias como las de 26 de febrero de 1870; 31 de marzo de 1873; 29 de abril de 1878; 17 de noviembre de 1887; 22 de junio de 1897; 19 de abril de 1901; 3 de abril de 1909; 29 de enero de 1910; 6 de julio de 1920, etcétera. Para el Tribunal Supremo, para que exista una mancomunidad de bienes es preciso el que todos los pueblos tengan participación, igual o desigual, en la propiedad o en la mayoría de los pro¬ductos de las fincas, pues si la propiedad o el mayor número de los aprovechamientos pertenecen a unos pueblos y a otros o a varios, únicamente los pastos o las leñas o algunos otros aprovecha¬mientos de los que la finca dé, no habrá condominio, sino sólo servidumbre a favor de estos últimos pueblos.
22 La Ley Desamortizadora de 1 de mayo de 1855, o Ley Madoz, establecía en su punto noveno del artículo 2 del título I que se exceptuaban de la enajenación forzosa «los terrenos que son hoy de aprovechamiento común, previa declaración de serlo, hecha por el Gobierno, oyendo al Ayuntamien¬to y Diputación provincial respectivos», así como todos aquellos «montes y bosques cuya venta no crea oportuno el Gobierno» (punto sexto del mismo artículo). Estas excepciones a la ley, junto con aquellas otras establecidas por el Real Decreto de 22 de enero de 1860, y que señalaban que aquellas concentraciones de bosque, monte o pinar en que predominasen los robles y las hayas, y que consti¬tuían en su conjunto al menos un número mínimo de 100 hectáreas, quedaban salvos de cualquier tipo de desamortización, serán las que con toda probabilidad constituyan las razones últimas que ex¬plican el que aún hoy existan importantes patrimonios fundiarios en las comunidades históricas. (Vid. F. Simón Segura: La Desamortización Española del siglo XIX, Madrid, 1973, pp. 165-262.)
23 La Comunidad de Villa y Tierra de Segovia..., pp. 2 y 431-411.
24 «Considerando que en virtud de lo dispuesto en las Reales Ordenes de 28 de marzo de 1864 y de 3 de abril de 1866, expedidas por el Ministerio de la Gobernación, en cumplimiento de lo que prescribe la de 31 de mayo de 1837, quedó disuelta la Universidad o Asocio de la ciudad de Avila y su tierra, y se mandó hacer la partición de sus bienes..., considerando que, consentidas y firmes las precitadas Reales Ordenes, no puede reconocerse en la actualidad la existencia legal de dicho Asocio, ni los derechos que en su nombre se reclaman por la Diputación Provincial y por el Ayuntamiento de Avila.»
Análoga sentencia recibirá el 4 de mayo de 1868 la Comunidad de Villa y Tierra de Piedrahíta. 25 J. Molinero: Asocio de la Extinguida..., op. cit., p. 39.
26 Ibidem, pp. 39-40 y 149-170.
27 Art. 10. «Las mancomunidades existentes conservarán su régimen actual si no deciden modi¬ficarlo.»
Art. 11. «La representación legal de las mancomunidades corresponde a los organismos y perso¬nas que determinen sus Estatutos, y tendrán plena capacidad jurídica para el cumplimiento de sus fines. »
28 Art. 40. «Se respetan las antiguas comunidades de tierra. Si se produjeran reclamaciones so¬bre su administración, compete resolverlas en única instancia al Ministro de la Gobernación, pudien¬
do ordenarse por el Consejo de Ministros que los respectivos Municipios se constituyan en agrupa¬ciones forzosas. »
29 Art. 101. «Las Comunidades de Tierra, Villa y Tierra, pastos, leñas, aguas, Universidades y Asocios de cualquier índole, se regirán por sus normas consuetudinarias o tradicionales, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 40 de la Ley y en la sección tercera del Reglamento de Población y De¬marcación Territorial de las Entidades Locales.»
30 Art. 69. 1. «Las entidades conocidas por las denominaciones de Comunidades de Tierra, o de Villa y Tierra, Asocios, Universidades, Comunidades de pastos, leñas, aguas y otras análogas, conti¬nuarán rigiéndose por sus normas consuetudinarias o tradicionales, y sin perjuicio de la autonomía de que disfrutan, deberán ajustar su régimen económico en cuanto a formación de presupuesto y rendición de cuentas, liquidaciones, inventarios y balances, a lo prescrito en la Ley.»
2. «Si se produjeran reclamaciones sobre su régimen y administración, competerá resolverlas, en única instancia, al Ministro de la Gobernación, previo informe del Gobernador Civil y con audiencia de la Diputación provincial.»
Art. 70. «Estas entidades enviarán al Ministerio de la Gobernación, por conducto del Gobierno Civil, copia de sus Estatutos en vigor, informe sobre sus normas de funcionamiento y copia de las modificaciones que se introduzcan en aquéllos o en éstas.»
Art. 71. «El cargo de secretario o secretario-contador, y los de interventor o depositario de fon¬dos, si lo hubiere, serán provistos por las propias Comunidades, con funcionarios que pertenezcan a los Cuerpos nacionales, mediante concurso, según normas que dicte la Dirección General de Admi¬nistración Local.»
Art. 72. «El Consejo de Ministros, en casos de necesidad o conveniencia pública, y a propuesta del Ministro de la Gobernación, podrá ordenar, si cesare la Comunidad, que los respectivos Munici¬pios se constituyan en Agrupación forzosa para la misma finalidad que antes realizaron voluntariamente.»
31Art.17
1. «Las entidades conocidas con las denominaciones de Mancomunidades o Comu¬nidades de Tierra, o de Villa y Tierra, o de Ciudad y Tierra, Asocios, Reales Señoríos, Universidades, Comunidades de pastos, leñas, aguas y otras análogas, continuarán rigiéndose por sus normas con¬suetudinarias o tradicionales, y, sin perjuicio de la autonomía de que disfrutan, deberán ajustar su régimen económico en cuanto a formación de presupuestos y rendición de cuentas, liquidaciones, inventarios y balances a lo prescrito en esta Ley.
2. Si se produjeran reclamaciones sobre su administración, compete resolverlas en única instan¬cia al Ministro del Interior, pudiendo ordenarse por el Consejo de Ministros que los respectivos Muni¬cipios se constituyan en agrupación forzosa.»
32 Vid. nota 1 del presente.
33 Art. 148, 1, 1.a a 3.a de la Constitución.
34 Art. 29-2. «En los términos previstos por la Constitución, por Ley de las Cortes de Castilla¬La Mancha se podrá:
c) Reconocer el hecho de comunidades supramunicipales, tales como ias de Villa y Tierra, el Se¬ñorío de Molina y análogas.»
35 Art. 39. 1. «Las entidades conocidas con las denominaciones de Mancomunidades o Comu¬nidades de Tierra, o de Villa y Tierra, o de Ciudad y Tierra, Asocios, Reales Señoríos, Universidades, Comunidades de pastos, leñas, aguas y otras análogas, continuarán rigiéndose por sus normas con¬suetudinarias o tradicionales, y, sin perjuicio de la autonomía de que disfrutan, deberán ajustar su régimen económico en cuanto a formación del presupuesto y rendición de cuentas, liquidaciones, inventarios y balances a lo prescrito en la Ley.
2. Las entidades enviarán al órgano competente de la Comunidad Autónoma copia de sus Estatu¬tos en vigor, informe sobre sus normas de funcionamiento y copia de las modificaciones que se intro¬duzcan en aquéllas o en éstas.
3. El cargo de secretario o de interventor-tesorero, si los hubiere, serán provistos por las propias entidades con funcionarios con habilitación de carácter nacional, bien mediante concursos convoca¬dos en la forma prevista en el artículo 99 de la Ley 7/1985, de 2 de abril, bien a través de cualquier otra fórmula que determine la legislación del Estado en la materia.»
36 Art. 39-2. (Vid. nota anterior.)
37 Art. 141. «La organización y funcionamiento de las Comunidades de Tierra, o de Villa y Tie¬rra, o de Ciudad y Tierra, Asocios, Reales Señoríos, Universidades, Comunidades de pastos, leñas, aguas y otras análogas continuarán rigiéndose por sus normas consuetudinarias o tradicionales, o por lo dispuesto en sus respectivos Estatutos.»